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Los Palmeros: sobrevivientes de la guerra transforman su legado en educación

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En el entorno de la avenida Las Américas, donde en 1972 resonaron disparos y muerte, se levanta un centro tecnológico del Infotep en honor a Los Palmeros, sobrevivientes de la Guerra de Abril de 1965. Este proyecto busca transformar un lugar marcado por la violencia en un espacio de educación y esperanza. La historia de Los Palmeros es un recordatorio de la lucha por la soberanía y la justicia social en la República Dominicana.

A finales de los años sesenta, el país vivía bajo la sombra de la guerra, con un ambiente de miedo y pobreza. Muchos jóvenes, motivados por el ideal caamañista, viajaron clandestinamente a Cuba entre 1967 y 1969 para recibir entrenamiento militar en Pinar del Río. Aquellos campamentos, rodeados de montañas y palmas, se convirtieron en un punto de inflexión en sus vidas.

Durante el entrenamiento, los jóvenes enfrentaron condiciones extremas, cargando mochilas pesadas y durmiendo bajo nailons empapados de rocío. En medio de este desafío, la hermandad entre ellos se fortaleció, y algunos asumieron roles de apoyo, como el de sanitario, para ayudar a sus compañeros a resistir el desgaste físico.

Entre los que formaron parte de esta experiencia se encontraban figuras como Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco, Bienvenido Leal Prandy —conocido como La Chuta— y José Miguel Peña. Estos jóvenes, comprometidos con su causa, aprendieron lecciones valiosas sobre la resistencia y el coraje.

Un instructor que marcó a los jóvenes les enseñó que “el arma más difícil de dominar es el miedo”, una frase que resonó en sus corazones y que se convirtió en parte de su legado. Así, el nombre de “Los Palmeros” surgió de sus encuentros bajo las palmas, donde discutían y conspiraban en busca de un futuro mejor.

El desenlace de su lucha llegó el 12 de enero de 1972, cuando enfrentaron un asedio militar en el kilómetro 14 de la autopista Las Américas. El último en caer fue Amaury Germán Aristy, quien dejó un grito imborrable en la memoria colectiva: “¡Yo no me rindo, carajo!”.

Más de cincuenta años después, el nuevo centro tecnológico del Infotep representa un cierre simbólico de esta historia. En el mismo lugar donde antes hubo persecución, ahora se sembrará un futuro lleno de oportunidades. Esta transformación del territorio del miedo en un espacio de esperanza es quizás la victoria más significativa de todas.

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