Después de más de veinte años trabajando junto a Leonel Fernández y varios meses compartiendo la labor política con José Frank Peña Guaba, siento la necesidad de reconocer su contribución a mi formación como politólogo y servidor público. Este reconocimiento nace de la gratitud por las enseñanzas y experiencias adquiridas a su lado.
Las universidades me brindaron la oportunidad de estudiar teoría política y constitucionalismo, pero con el tiempo comprendí que la política también se aprende a través de la experiencia del liderazgo. Leonel Fernández representa la escuela del pensamiento estratégico, donde su capacidad intelectual y su visión histórica han demostrado que la política se fundamenta en ideas sólidas.
Por otro lado, José Frank Peña Guaba encarna el pragmatismo en el ejercicio político. Su habilidad para organizar, negociar y coordinar equipos muestra que las ideas requieren un método y capacidad de ejecución para convertirse en realidades. Ambos enfoques son complementarios y no contradictorios.
La combinación de la profundidad del pensamiento de Leonel y la eficacia de la acción de José Frank ilustra que la teoría y la práctica son dimensiones inseparables del liderazgo auténtico. Además, ambos comparten cualidades humanas como el respeto, la cortesía y la capacidad de escuchar, que son fundamentales en el liderazgo con vocación de servicio.
Mi formación académica me permitió ver la política como ciencia, mientras que la experiencia junto a Leonel Fernández y José Frank Peña Guaba me ha enseñado a entenderla como arte y responsabilidad. Esta síntesis ha enriquecido mi forma de pensar y actuar en el ámbito político.
La experiencia se considera la mejor maestra, y en mi caso, ha sido aún más valiosa al aprender de personas con inteligencia, integridad y compromiso con el país. Este reconocimiento no es un simple elogio, sino un acto de honestidad intelectual que refleja la humildad necesaria para entender que el aprendizaje es una construcción colectiva.
Si me preguntaran dónde culminó realmente mi formación política, diría que comenzó en las aulas universitarias, pero alcanzó su plenitud trabajando junto a Leonel Fernández y aprendiendo del pragmatismo de José Frank Peña Guaba. En esta convergencia entre pensamiento y acción, descubrí una lección que trasciende la política y se convierte en una filosofía de vida.

