Los resultados del Latinobarómetro 2026 revelan una crisis de confianza en la democracia dominicana, donde solo el 47% de los dominicanos apoya este sistema de gobierno. Este dato muestra un descenso de ocho puntos en los últimos dos años y está por debajo del promedio de América Latina, que se sitúa en 52%. La situación se agrava con un aumento en la población dispuesta a aceptar soluciones que pueden debilitar la democracia.
La percepción de abandono estatal es una de las principales preocupaciones. Según el estudio, el 73% de los latinoamericanos considera que el Estado ha hecho poco o nada por ellos en los últimos tres años, un aumento respecto al 63%% que opinaba así en 2011. La insatisfacción con los servicios públicos es notable: solo el 40%% está satisfecho con la educación, 28%% con los hospitales, 22%% con la justicia y 30%% con la policía.
Esta falta de confianza en las instituciones puede llevar a la ciudadanía a cambiar derechos por promesas de soluciones rápidas. La crisis también afecta a los partidos políticos, donde solo el 15%% de la población confía en ellos y el 76%% no se siente representado por el Congreso. A pesar de esto, el 55%% de los encuestados cree que no puede haber democracia sin partidos.
Este vacío de confianza puede dar paso al personalismo, donde las instituciones se convierten en vehículos para individuos en lugar de representar ideas y comunidades. La política se centra más en la imagen que en los programas, lo que puede resultar perjudicial para la democracia.
Además, la batalla por la información se intensifica. Las redes sociales han tomado protagonismo, pero el 76%% de los latinoamericanos percibe que circula información falsa en estas plataformas. Esto dificulta la capacidad de discernir entre la verdad y la mentira, afectando la libertad de elección en las votaciones.
El Estado tiene la responsabilidad de demostrar su efectividad, lo que implica mejorar la calidad de escuelas, hospitales y servicios públicos. No basta con discursos; la ciudadanía necesita ver resultados tangibles en su vida diaria.
Por su parte, los partidos deben recuperar su función de representación y rendición de cuentas. Si solo se presentan durante las elecciones, perderán legitimidad y dejarán espacio a proyectos centrados en figuras individuales.
Finalmente, es crucial que todos aprendamos a verificar información y a ser críticos con lo que consumimos en el ámbito digital. La educación en este sentido es fundamental para que las nuevas generaciones se desenvuelvan responsablemente en un mundo donde la desinformación es común.
A pesar de las dificultades, la democracia latinoamericana aún tiene fortalezas, como el respaldo a las elecciones. Sin embargo, este apoyo puede desvanecerse si el Estado sigue fallando y la política se aleja de las necesidades de la población.

