La sociedad dominicana enfrenta un silencio preocupante por parte de sus políticos, quienes han dejado de lado el pensamiento crítico y el debate sobre temas fundamentales. A pesar de la existencia de múltiples medios de comunicación, la palabra ha perdido su sentido y contenido, dejando a la población en un estado de desconexión y apatía. En este contexto, las luchas sociales y estudiantiles, representadas por figuras como Amín Abel Hasbún y Narciso González, parecen haber sido olvidadas.
El filósofo Leibniz introdujo el concepto de mónada, que se refiere a las unidades fundamentales de la realidad, y sugiere una falta de diversidad en el pensamiento político actual. Los derechos sociales parecen estar secuestrados, y ya no se observan grandes protestas lideradas por religiosos o líderes sociales. La influencia de pensadores como Noam Chomsky en Estados Unidos contrasta con la carencia de un pensamiento profundo en la República Dominicana.
A pesar de la falta de interés en temas cruciales, recientemente surgió un debate que alcanzó más de 60 mil visualizaciones, evidenciando un anhelo de discusión. Sin embargo, un seminario sobre filosofía de la ciencia y ética, impartido por expertos, no logró captar la atención del público. Esta desconexión entre el interés por el debate y la indiferencia hacia la filosofía refleja una crisis en la búsqueda de conocimiento y reflexión.
El autor del artículo expresa su frustración al ver cómo los políticos y empresarios se ponen de acuerdo en asuntos vitales sin considerar a la población. La indiferencia ante la injusticia y el sufrimiento ajeno se ha vuelto común, y la complicidad se ha instalado en la sociedad. La falta de intervención ante el maltrato y el silencio ante la violación de la ley son síntomas de esta apatía generalizada.
Las acciones antisociales parecen concentrarse en áreas menos privilegiadas, mientras que las élites permanecen al margen. Kant advirtió sobre la responsabilidad de quienes roban al Estado, enfatizando que este acto afecta a todos. La ausencia de oradores que denuncien los males de la sociedad ha dejado un vacío en la voz colectiva.
En medio de esta situación, la población clama por paz, pero los sentimientos de guerra, indignación y frustración predominan. La desconexión entre los ciudadanos y sus representantes políticos se hace cada vez más evidente, dejando a la sociedad en un estado de incertidumbre y descontento.

