El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial está transformando la producción y consumo de información visual, lo que plantea grandes desafíos para el fotoperiodismo, que debe mantener la credibilidad de las imágenes en un contexto donde las fotografías sintéticas pueden recrear eventos ficticios con gran realismo. Esta temática fue abordada en la conferencia «Fotoperiodismo y Narrativa Visual en la Era de la Inteligencia Artificial», dictada por el catedrático salvadoreño Lic. Víctor Manuel Recinos, en el Diplomado Internacional de Periodismo Digital del Instituto de Formación Gerencia y Liderazgo Americano (IFGLA).
Recinos analizó la evolución del fotoperiodismo y los retos éticos que surgen con la inteligencia artificial generativa, que está cambiando la producción de imágenes y obligando a los medios a reforzar sus mecanismos de verificación. A pesar de estos cambios, el conferencista enfatizó que la esencia del fotoperiodismo se mantiene, ya que el fotógrafo sigue teniendo la responsabilidad de investigar, observar la realidad y transmitir imágenes auténticas y verificables.
Evolución del fotoperiodismo
Durante su exposición, Recinos recordó que entre las décadas de 1930 y 1950 se vivió la Edad Dorada del Fotoperiodismo, donde las imágenes eran vistas como pruebas irrefutables de los hechos. Con la llegada de la revolución digital, las cámaras electrónicas y la eliminación de las limitaciones del rollo fotográfico cambiaron las rutinas en las redacciones.
Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial ha introducido una transformación más profunda. Las imágenes generadas por IA, a diferencia de las fotografías tradicionales, son creadas a partir de algoritmos que producen representaciones nuevas basadas en instrucciones escritas, lo que se conoce como sintografía. Esto representa un cambio de paradigma, ya que estas imágenes no documentan la realidad, sino que pueden crear escenarios ficticios que parecen auténticos.
Desafíos para el periodismo
Esta capacidad de generar imágenes indistinguibles de fotografías convencionales plantea uno de los mayores retos para el periodismo actual. Recinos destacó que la manipulación visual ha evolucionado de simples retoques digitales a la creación total de escenas inexistentes, lo que facilita la desinformación y la proliferación de noticias falsas y deepfakes.
Un ejemplo ilustrativo mencionado fue el libro The Book of Veles del fotógrafo Jonas Bendiksen, que inicialmente se presentó como un proyecto documental, pero que luego se reveló que contenía imágenes generadas por inteligencia artificial. Este caso pone de manifiesto cómo las nuevas tecnologías pueden desafiar la confianza en la fotografía documental.
Recinos subrayó la importancia de distinguir entre imágenes documentales, que representan hechos reales y tienen contexto verificable, y las imágenes sintéticas, que pueden incorporar sesgos y narrativas manipuladas. La falta de claridad en esta distinción puede poner en riesgo la credibilidad del periodismo.
El conferencista también analizó cómo la inteligencia artificial está cambiando el funcionamiento de las redacciones, con herramientas que generan automáticamente noticias y asisten en la verificación de datos. Sin embargo, enfatizó que estas tecnologías deben ser vistas como apoyo y no como sustitutos del trabajo periodístico, permitiendo a los profesionales enfocarse en la investigación y el análisis.
Para garantizar el futuro del fotoperiodismo, Recinos propuso tres pilares: promover una alfabetización visual que permita reconocer imágenes auténticas, fortalecer narrativas visuales que mantengan el contexto y autenticidad, y establecer una regulación ética internacional que identifique imágenes creadas o modificadas por inteligencia artificial. La conferencia resaltó que, aunque la tecnología seguirá transformando el periodismo, la esencia del mismo se basa en principios como la verdad y la verificación.
En un contexto donde las imágenes pueden ser fabricadas con facilidad, la mirada crítica del periodista sigue siendo fundamental para documentar la realidad con rigor ético, asegurando así la función del fotoperiodismo como testigo de la historia y garante del derecho a la información veraz.

