La administración del presidente Luis Abinader enfrenta una serie de crisis que se superponen, incluyendo la pandemia del COVID-19, la inestabilidad en Haití y las tensiones en Medio Oriente, además del elevado costo de la vida en el país. Estas situaciones han generado un clima de descontento social, a pesar de que Abinader ha logrado reconocimiento internacional por su gestión en la crisis sanitaria y la recuperación económica.
La intensificación de tensiones geopolíticas en Medio Oriente ha incrementado la incertidumbre en los mercados energéticos, lo que llevó al gobierno a adoptar medidas de austeridad para mitigar el impacto en la economía dominicana. En cuanto a la crisis en Haití, el prolongado colapso sociopolítico y de seguridad ha obligado a la administración a mantener a las Fuerzas Armadas en alerta y a fortalecer la vigilancia fronteriza.
Desde que asumió el cargo, Abinader ha enfrentado la pandemia del COVID-19, implementando un plan de vacunación exitoso y promoviendo la rápida reapertura de la economía y el turismo. Sin embargo, las presiones inflacionarias globales han encarecido los productos de la canasta básica y los combustibles, lo que ha llevado al gobierno a reaccionar con subsidios y la implementación de la Ley de medidas pro-crecimiento económico.
El concepto de «ingratitud ciudadana» hacia Abinader ha surgido en la opinión pública, contrastando su popularidad histórica con las recientes manifestaciones de descontento. Algunos funcionarios y aspirantes a la presidencia defienden la gestión del mandatario ante críticas que consideran injustas, argumentando que su administración ha tenido más aciertos que errores.
Los logros en estabilidad económica y transparencia, así como la finalización de obras que llevaban años paralizadas, son aspectos que se destacan en la gestión de Abinader. Sin embargo, la oposición ha sido crítica, buscando fallos y generando un clima de desconfianza en torno a su administración.
A pesar de esto, Abinader sigue siendo uno de los presidentes con mayor aprobación en América Latina, con cifras cercanas al 51.7% y 54.8% en recientes encuestas. Los aspirantes presidenciales deben adoptar una postura proactiva y resaltar las inversiones y la recuperación económica tras la pandemia.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) debe continuar enfrentando a la oposición y sumar más voceros para contrarrestar las críticas y desmentir las falsedades que circulan en redes sociales. La continuidad del PRM en el poder dependerá del éxito del segundo mandato de Abinader y de cómo maneje la ingratitud inducida por ataques mediáticos constantes.
El futuro político del presidente Abinader y su partido se verá influenciado por la capacidad de enfrentar la oposición y mantener la estabilidad en un contexto de críticas y descontento social.
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