La educación en la República Dominicana se presenta como una infraestructura productiva esencial para el desarrollo del país, según un reciente conversatorio en el podcast de INICIA. La capacidad de la población para aprender y organizar conocimiento se considera más estratégica que los recursos materiales, como puertos o minerales. Por ello, es fundamental que la educación sea vista no solo como un derecho, sino como un pilar fundamental para el progreso económico.
El país se encuentra en un momento crucial, discutiendo su inserción en sectores como la inteligencia artificial, los semiconductores y las energías renovables. Sin embargo, surge la pregunta de si se cuenta con las capacidades humanas necesarias para aprovechar estas oportunidades. La formación individual no es suficiente si las instituciones no están preparadas para utilizar ese talento de manera efectiva.
El debate actual se centra en qué sectores desarrollar y dónde invertir, pero es necesario replantear las preguntas. La clave está en identificar qué habilidades se necesitan para competir en el mercado global. Las políticas en áreas como la industria, el turismo o la minería deben estar alineadas con las capacidades humanas disponibles.
Transformación educativa para el desarrollo
La solución radica en convertir la educación en una estrategia de desarrollo que responda a las necesidades de la economía. Sectores como el turismo requieren profesionales en idiomas y tecnología, mientras que la agricultura necesita agrónomos y expertos en automatización. El Estado también debe contar con el talento necesario para regular y acompañar estas transformaciones.
La construcción de esta capacidad no se logra de la noche a la mañana. Se necesita un enfoque en la educación a través de escuelas, universidades y empresas que capaciten a sus trabajadores. Además, es crucial que la sociedad valore el conocimiento y la excelencia en diversas áreas.
Asimismo, es importante establecer instituciones que integren el talento disperso en una capacidad colectiva. Esto implica crear organizaciones que fomenten la experimentación y el aprendizaje, sin sacrificar los controles democráticos. La competencia no solo depende de incentivos fiscales o infraestructura, sino de la habilidad para resolver problemas complejos.
Un propósito claro en la educación
Para cerrar la brecha en capacidades, es esencial que la obsesión educativa tenga un propósito definido. No se trata solo de aumentar la cantidad de educación, sino de determinar para qué tipo de país se está formando a la población. Si se busca una economía más productiva y competitiva, la planificación educativa debe alinearse con esta meta.
Es posible importar tecnología y atraer capital, pero la construcción de la capacidad nacional es un proceso interno que no se puede delegar. Este recurso humano debe ser cultivado y desarrollado dentro del país para asegurar un futuro sostenible y próspero.

