El ministro de Deportes, Kelvin Cruz, prohibió que cualquier equipo deportivo de Haití juegue en instalaciones dominicanas, tanto públicas como privadas. Esta decisión se reafirma en el contexto de un partido programado para este martes en Santiago, donde una selección haitiana debía enfrentarse a una representación de Jamaica.
Cruz fundamenta su postura en los incidentes ocurridos en el estadio Olímpico, donde Haití venció a la selección dominicana 1-4. A pesar de que la Federación Dominicana de Fútbol asumió la responsabilidad por esos incidentes, el ministro ha mantenido su negativa sin ofrecer pruebas concretas de los daños.
La controversia se intensificó tras comentarios del delantero haitiano Wilson Isidor, quien afirmó que La Española es Haití, lo que llevó tanto al Gobierno haitiano como a su federación a distanciarse de tales declaraciones y reiterar el respeto hacia la soberanía dominicana.
La decisión de Cruz ha generado críticas, ya que muchos consideran que su postura puede afectar la buena vecindad y el desarrollo del deporte en la región. Sin embargo, el ministro parece decidido a congraciarse con sectores que promueven el rechazo hacia Haití.
Esta situación plantea un dilema sobre el futuro de las relaciones deportivas entre ambos países y el impacto que tendrá en la imagen de la República Dominicana. A medida que se desarrollan estos acontecimientos, la comunidad deportiva observa con atención las decisiones del ministro y su efecto en el ambiente deportivo.

