El cuidado del adulto mayor en la República Dominicana es una responsabilidad que involucra a la familia, al Estado y a la sociedad. Este compromiso se hace especialmente relevante al celebrar la vida de Juana Peña, quien recientemente cumplió 108 años y dejó un legado de fortaleza y amor en su familia.
Juana fue madre de nueve hijos, de los cuales cinco aún viven. Su vida estuvo marcada por grandes pruebas, incluyendo la pérdida de varios de sus hijos, pero nunca permitió que estas experiencias quebrantaran su espíritu. Trabajó en San Francisco de Macorís, cultivando la tierra y sembrando arroz con dedicación y sacrificio.
Más tarde, se trasladó a la zona este de la capital, donde continuó construyendo su legado familiar. A pesar de haber enfrentado violencia intrafamiliar, su carácter afable y su alegría admirable la convirtieron en una figura entrañable para todos. Juana, incluso con limitaciones visuales, cocinaba con excelencia y compartía momentos de felicidad con su familia.
Durante sus últimos años, enfrentó el Alzheimer, una enfermedad que debilitó parte de sus recuerdos, pero no el amor que sembró en su familia. Su salud se deterioró tras una caída, y falleció hace apenas 11 días. Sin embargo, su fe inquebrantable en Dios y la Virgen la guiaron a lo largo de su vida.
Juana Peña representa el verdadero significado de resiliencia. Fue una mujer trabajadora, creyente y un ejemplo viviente de perseverancia frente a la adversidad. Su historia honra a miles de mujeres dominicanas que sostuvieron sus hogares con valentía, incluso en medio del sufrimiento.
Agradecer a Dios por su vida es reconocer un legado invaluable. Juana no solo vivió 108 años; su vida estuvo llena de enseñanzas y amor, demostrando que la grandeza reside en resistir con fe y amar sin límites. Honrar su memoria es recordar que cuidar y valorar a nuestros adultos mayores es un acto de justicia y amor eterno.

