La muerte violenta de Josnelys Álvarez, una niña de 13 años, ha puesto de relieve el abandono social que sufren muchos menores en el país. Su asesinato, atribuido a su confeso agresor, nos lleva a cuestionar como sociedad y Estado qué falló en la protección de esta niña. En el contexto del Día Internacional de las Niñas, es fundamental reflexionar sobre las circunstancias que rodearon su vida y su trágico final.
Se ha mencionado que Josnelys deambulaba por las calles y había dejado de asistir a la escuela, lo que plantea interrogantes sobre su situación familiar y el seguimiento que recibió. Aunque no se sabe si su caso estuvo relacionado con un embarazo adolescente, es evidente que el ciclo de abandono y sufrimiento es recurrente. Además, la cobertura mediática de su caso ha expuesto su tragedia de manera insensible, lo que refleja la crueldad humana ante situaciones de violencia.
La necesidad de intervención social
Si se confirma que su vida estuvo marcada por el abandono desde su nacimiento, es crucial preguntarnos qué medidas se implementaron para protegerla. Es imperativo que el Estado cuente con trabajadores sociales en las escuelas, formando parte de un Sistema Nacional de Alerta Temprana que permita detectar señales de riesgo y actuar a tiempo para prevenir el sufrimiento de los menores. Este es un aspecto que se busca promover desde el trabajo legislativo en iniciativas como Déjala Ir.
Asimismo, es necesario cuestionar la falta de empatía en el entorno familiar y social, así como el papel de las comunidades y organizaciones no gubernamentales. La cohesión que antes existía en los barrios, donde se unían maestros, vecinos y líderes comunitarios para proteger a los niños, parece haberse debilitado. En el pasado, estas comunidades lograban que los gobiernos respondieran a las necesidades de sus jóvenes, algo que hoy parece escaso.
A pesar de la situación actual, es importante reconocer que se han logrado avances, como la reducción del 40% en las estadísticas de embarazo en adolescentes, resultado del esfuerzo de diversas organizaciones e instituciones. Sin embargo, los adolescentes de hoy son también producto de una historia de desigualdades que aún persiste y que debemos seguir abordando.
Los valores que antes unían a las comunidades han sido reemplazados por una indiferencia que nos descompone. La muerte de Josnelys no solo es un fracaso del sistema, sino un llamado a la reflexión sobre cómo hemos fallado como sociedad en la protección de nuestros niños.
Josnelys fue víctima de su presunto agresor, pero debemos cuestionarnos si la sociedad le dio la espalda y si hubo una falta de protección desde su nacimiento. En este Día Internacional de las Niñas, es esencial recordar que todos los niños merecen ser protegidos y que, si la familia no puede garantizar ese derecho, el Estado debe intervenir. Si el Estado falla, es la responsabilidad de la sociedad exigir protección y no mirar hacia otro lado ante la tragedia.

