José Antonio Martínez, nacido el 29 de junio de 1920 en Bayaguana, Monte Plata, fue un destacado empresario que impulsó la industria láctea en Hato Mayor del Rey. Tras renunciar a la Policía Nacional, donde sirvió durante la dictadura de Trujillo, se trasladó a Santo Domingo y comenzó su trayectoria en el transporte público, donde descubrió el potencial del sector lácteo. Su visión lo llevó a establecer una fábrica de queso que se convertiría en un ícono regional.
A principios de la década de 1950, Martínez llegó a Hato Mayor con la intención de pasar unas breves vacaciones, pero su conexión con la tierra y su gente lo llevó a quedarse. Comenzó trabajando en el pastoreo y la fabricación artesanal de queso blanco, y rápidamente entendió la importancia de criar sus propias vacas lecheras para asegurar la calidad de su producto. Este enfoque le permitió expandir su negocio y adquirir tierras propias.
El nacimiento de «Queso Hatuey»
El crecimiento de su negocio lo llevó a trasladar sus operaciones al casco urbano de Hato Mayor, donde inició la producción de mantequilla en un local modesto. A pesar de los constantes apagones de la época, su determinación lo llevó a adquirir un nuevo local en Villa Canto, donde comenzó a producir queso amarillo. Este producto tuvo una gran aceptación, lo que marcó el inicio de su empresa.
Las primeras producciones se comercializaron bajo el nombre de «Queso Nelly», pero la necesidad de una marca más representativa llevó al nacimiento de «Queso Hatuey». Con el tiempo, la empresa se expandió y adquirió una flota de camiones para recolectar leche fresca de comunidades ganaderas, convirtiéndose en un referente en la región Este y Santo Domingo.
El éxito de Queso Hatuey se debió a la disciplina de Martínez y al talento de maestros queseros como Lico Ramos y Quintero Santana, quienes aseguraron la calidad del producto. Además, el suero extraído del cuajado se convirtió en una popular mantequilla, generando gran demanda en la comunidad.
Compromiso social y legado familiar
Martínez no solo fue un empresario exitoso, sino también un líder comunitario. Fue electo Regidor en 1986 y presidió el Concejo de Regidores, impulsando obras de infraestructura que beneficiaron a los barrios marginados. Su compromiso social se reflejó en donaciones a la parroquia local y en la perforación de un pozo para proporcionar agua potable a familias necesitadas.
En su vida personal, Martínez tuvo una familia numerosa con su esposa Hilda Brunesquilda Simó, y fue padre de siete hijos. Falleció el 1 de marzo de 2007, a los 86 años, dejando un legado significativo en la industria láctea. Su hijo Tony asumió la administración de la empresa, y actualmente su hijo Yoni continúa con la tradición, llevando Queso Hatuey a mercados internacionales, incluyendo Estados Unidos.
José Antonio Martínez es recordado como un pilar del desarrollo económico y social de Hato Mayor, y su nombre perdurará en la historia de la provincia.

