El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, convocó una conferencia de gobernantes de izquierda democrática en Barcelona, lo que podría revitalizar esta tendencia en Iberoamérica. La izquierda democrática enfrentó un año difícil en 2025, perdiendo todas las elecciones, pero en 2026 surge una nueva oportunidad, impulsada por los errores de la derecha radical, especialmente las acciones de Donald Trump.
Las políticas de Trump han afectado globalmente, inflando el costo de vida en los países aliados, lo que ha llevado a los gobiernos latinoamericanos a recortar programas sociales. En este contexto, los líderes de la ultraderecha, Javier Milei en Argentina y José Antonio Kast en Chile, están perdiendo popularidad, con Milei alcanzando un 61% de desaprobación y Kast solo un 38% de aprobación.
Reacciones en Europa y América Latina
En Europa, la derrota de Viktor Orbán en Hungría ha generado un cambio en la percepción de la derecha, que intenta distanciarse de Trump. En este sentido, la cumbre en Barcelona reunió a destacados líderes latinoamericanos como Claudia Scheinbaum, Lula Da Silva, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y Gabriel Boric, quienes discutieron la necesidad de rearticularse en favor de la democracia y en contra del autoritarismo.
El académico Steven Forti destacó que la cumbre se realizó poco después de la derrota de Orbán, lo que subraya el intento de la izquierda por presentar propuestas concretas. Boric enfatizó que «la democracia no es un estado natural de las cosas», mientras que Lula criticó la constante amenaza de Trump a nivel global.
La cumbre también abordó el impacto de las plataformas digitales en la polarización política, donde la ultraderecha ha sabido atraer a votantes descontentos. Sánchez advirtió que «internet no entiende de fronteras» y que es necesario establecer reglas comunes para un espacio digital democrático.
Desafíos y oportunidades para la izquierda
Analistas como Alfredo Joignant consideran que la cumbre de Barcelona representa una oportunidad para revitalizar el concepto de «progresismo», que había perdido su atractivo. Este año será crucial para la izquierda en América Latina, con elecciones importantes en Colombia y Brasil, donde los candidatos de izquierda podrían beneficiarse del descontento hacia el neoimperialismo estadounidense.
El periodista Víctor Farinelli subrayó que Lula ha logrado estabilizar un Brasil en crisis, mientras que el analista Javier Garay señaló que los votantes están más enfocados en soluciones prácticas que en ideologías. En Colombia, Gustavo Petro ha visto un aumento en su popularidad, aunque enfrenta retos significativos.
A pesar de la atmósfera optimista en Barcelona, la relación de la izquierda con regímenes autoritarios sigue siendo un tema delicado. Lula y Scheinbaum defendieron la soberanía de Cuba sin criticar su régimen, lo que podría afectar la percepción de la izquierda ante votantes más centristas.
Forti concluyó que la política actual está «hiperpersonalizada» y que la izquierda debe retomar la iniciativa, enfocándose en políticas sociales que aborden las desigualdades. La cumbre de Barcelona podría ser un punto de inflexión, pero el éxito dependerá de la capacidad de la izquierda para conectar con las demandas de la ciudadanía.
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