Interpol alertó sobre un «aumento drástico» de la ciberdelincuencia en Asia y el Pacífico Sur, lo que representa riesgos significativos para la seguridad y la confianza pública en los sistemas digitales. La organización indicó que estos delitos constituyen el 30 % de todos los crímenes registrados en más de la mitad de los países de la región. En los últimos años, han proliferado redes criminales responsables de estafas digitales que afectan a millones de víctimas a nivel global.
El informe de Interpol destaca que Asia y el Pacífico Sur albergan algunas de las economías digitales de más rápido crecimiento y, al mismo tiempo, a ciberdelincuentes cada vez más sofisticados. La disparidad en el nivel de madurez digital en la región crea vulnerabilidades que son rápidamente explotadas por actores transnacionales.
Los delincuentes van desde individuos solitarios hasta grupos organizados que llevan a cabo ataques de ransomware, fraude financiero, filtraciones de datos y campañas de malware. Estas actividades delictivas han generado un entorno de inseguridad en el ámbito digital.
En particular, los centros de estafas, que han proliferado en varios países del Sudeste Asiático, son controlados por mafias, muchas de ellas de origen chino. En estos lugares, trabajadores son forzados a ejecutar engaños complejos, a menudo bajo coacción y en condiciones inhumanas, lo que ha sido denunciado por la ONU y otras investigaciones independientes.
Interpol advirtió que estos grupos de crimen organizado han establecido centros de estafa que, en algunos casos, se asemejan a la esclavitud moderna, con un alto costo humano que va más allá de las pérdidas económicas. La organización hizo un llamado a un compromiso renovado entre fuerzas del orden, gobiernos y el sector privado para actuar de manera coordinada.
Varios países, incluido Camboya, han sido señalados por organizaciones de derechos humanos por su supuesta complicidad con estas redes criminales. Inicialmente, estas operaciones estaban dirigidas a víctimas en China, pero en el último año han ampliado su alcance hacia España y América Latina, generando operaciones multimillonarias.
Investigaciones sugieren que estas redes podrían generar entre 50,000 y 70,000 millones de dólares anuales, convirtiéndose en un motor económico significativo en la región del Mekong, que incluye a Camboya, Laos, Birmania, Tailandia, Vietnam y el sur de China.

