El libro de Santiago en la Biblia aborda la acepción de personas, un tema que persiste en la actualidad. Muchas iglesias han institucionalizado esta práctica a través de las «cuotas de recuperación» para eventos religiosos, lo que excluye a los más humildes. Al fijar precios altos para la entrada, se erige un muro invisible que impide el acceso a quienes viven con limitaciones económicas.
Cuando se establece un costo elevado para participar en un evento de fe, se mercantiliza la espiritualidad y se determina quién puede recibir el mensaje. Esto afecta a la comunidad más vulnerable, que a menudo no puede permitirse ni siquiera el transporte para asistir. La consecuencia es que solo aquellos con mayores recursos pueden acceder a la edificación espiritual que se ofrece.
Las justificaciones logísticas, como el alquiler de espacios o los honorarios de conferencistas, no sostienen la ética de esta práctica. Si se organiza un evento que excluye a los necesitados, se desvirtúa su propósito original. Lo que debería ser un espacio de comunión se convierte en un club privado donde solo algunos tienen privilegios espirituales.
Esta situación refleja una forma de acepción de personas que, lamentablemente, parece tener una intención oculta: filtrar a la audiencia. Se busca atraer a un público con un estatus socioeconómico específico, olvidando que el mensaje de Jesús se dirigió a aquellos que no tenían nada que ofrecer más que su atención. La exclusión va en contra de los principios de inclusión y amor que promueve la fe.
La fe no debe tener zonas VIP ni cobros por acceso. Las iglesias y sus líderes deben reconsiderar cómo manejan sus eventos. Si un evento no puede ser financiado por la generosidad de la comunidad o los recursos de la iglesia, entonces no refleja el carácter de aquel que enseñó a dar de gracia.
Un Evangelio que cierra la puerta a los pobres por falta de dinero deja de ser una Buena Nueva y se convierte en un negocio exclusivo. Es fundamental que las comunidades religiosas evalúen sus prácticas para asegurar que todos tengan la oportunidad de participar y recibir el mensaje espiritual sin barreras económicas.

