El papa León XIV ha publicado la encíclica Magnifica humanitas, un documento que aborda la ética de la inteligencia artificial y su uso como herramienta de dominación y exclusión. Firmada el 15 de mayo de 2026, en el 135.º aniversario de Rerum novarum, esta encíclica se presenta como un manifiesto ético para la era digital. La presentación oficial tuvo lugar el 25 de mayo en el Aula del Sínodo del Vaticano, con la participación de un cofundador de la empresa tecnológica Anthropic.
La encíclica se inicia con una reflexión bíblica, planteando un dilema entre construir una «nueva torre de Babel», símbolo de la soberbia tecnológica, o «edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». Según el papa, esta elección no solo afecta el futuro del trabajo y la privacidad, sino también la esencia misma de lo humano. La publicación ha generado un gran eco fuera de los círculos eclesiásticos, similar al impacto de Laudato si en 2015, en un momento en que la regulación de la inteligencia artificial es un tema urgente.
Crítica al paradigma tecnocrático
El papa critica el «paradigma tecnocrático», donde la eficiencia técnica se convierte en el valor supremo, relegando consideraciones éticas y humanas. En este contexto, la encíclica señala que la delegación de decisiones a algoritmos no elimina la responsabilidad moral, sino que la oculta. El texto recalca que no existe un algoritmo neutral, ya que estos sistemas reproducen y amplifican sesgos y desigualdades presentes en los datos con los que fueron entrenados.
León XIV advierte sobre el uso de la inteligencia artificial como herramienta de control social, donde la vigilancia digital y el perfilamiento automatizado pueden despojar a los trabajadores de su dignidad. El papa destaca que el poder tecnológico está concentrado en manos de unos pocos, lo que puede generar nuevas dependencias y desigualdades. Esta concentración de poder plantea serios riesgos para la democracia y la justicia social.
Desarmar la inteligencia artificial
Una de las propuestas más llamativas de la encíclica es la necesidad de «desarmar la IA», liberándola de lógicas que la convierten en un instrumento de dominio. León XIV menciona el uso de la inteligencia artificial en contextos militares y rechaza la idea de la «guerra justa» cuando las decisiones letales son delegadas a algoritmos. Además, propone que los algoritmos y plataformas digitales sean considerados bienes de destinación universal, lo que implicaría una responsabilidad social en su uso y desarrollo.
La encíclica también aborda el impacto de la automatización en el empleo, advirtiendo sobre el riesgo de desempleo estructural y la descalificación de trabajadores. León XIV no aboga por frenar la automatización, sino por una redistribución justa de su productividad y una revalorización del trabajo humano. En el ámbito comunicativo, introduce el concepto de «ecología de la comunicación», que busca proteger los ecosistemas informativos de la manipulación algorítmica y la desinformación.
La encíclica se enmarca en una serie de posicionamientos del Vaticano sobre la inteligencia artificial, incluyendo el Rome Call for AI Ethics de 2020. La presencia de Christopher Olah en la presentación del documento resalta la importancia de establecer límites éticos al poder tecnológico. A pesar del silencio de muchos líderes del sector tecnológico, el CEO de OpenAI, Sam Altman, ha coincidido en la necesidad de preservar la dimensión humana del trabajo.
La Iglesia Católica, con presencia en más de 100 países, tiene el potencial de influir en políticas institucionales que trasciendan el ámbito eclesial. La encíclica plantea una pregunta crucial: ¿quién controla los sistemas que cada vez tienen más poder sobre nosotros? El papa León XIV ha dejado claro que esta cuestión no puede ser ignorada, marcando el inicio de un debate fundamental.
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