La crisis de atención sanitaria en los hospitales públicos dominicanos refleja un profundo miedo y resignación en la sociedad, donde enfermarse se asocia con incertidumbre y endeudamiento. Esta situación no solo se limita a la crisis hospitalaria, sino que también revela la normalización de la inseguridad social en el país.
A pesar de los esfuerzos por modernizar el sistema de salud a través de inauguraciones y adquisición de equipos, la realidad para miles de pacientes incluye largas esperas, saturación y un ambiente de desorganización y abandono. La transformación de un hospital no se logra solo con mejoras físicas, sino que debe reflejar un compromiso con la vida humana y la atención adecuada.
Condiciones de atención y evaluación hospitalaria
La matriz de valoración hospitalaria VCE-GPSS establece que para ofrecer niveles mínimos aceptables de seguridad al paciente, una institución debe alcanzar al menos un 80%. Sin embargo, muchas evaluaciones en la red pública apenas alcanzan un promedio cercano al 55%, lo que indica un riesgo creciente para la población.
Este déficit no es solo administrativo, sino que muestra una institucionalización de condiciones inseguras en el principal espacio de protección sanitaria para los más vulnerables. El deterioro se convierte en una consecuencia estructural de un modelo que prioriza la fragmentación y la modernización selectiva por encima de una transformación integral.
La percepción de la población ha cambiado; ya no se siente protegida al ingresar a un hospital, sino que enfrenta la ansiedad de la falta de recursos como camas y medicamentos. Esta experiencia repetida genera una adaptación a la inseguridad institucional, donde la atención médica se ve como un asunto de suerte más que de organización.
Impacto social y económico
La naturalización de la inseguridad hospitalaria afecta no solo la salud, sino también la estabilidad económica de las familias. Cada gasto adicional, ya sea en medicamentos o traslados, reorganiza la economía familiar en torno a la sobrevivencia, lo que evidencia que el problema hospitalario va más allá de la infraestructura y la gestión.
La crisis de atención sanitaria se convierte así en una pedagogía social de resignación, donde las personas aprenden a esperar sin garantías y a aceptar condiciones mínimas. Este fenómeno sugiere que la idea de protección colectiva se está deteriorando, afectando la confianza de la sociedad en el sistema de salud pública.

