Bogotá. – El plan del Gobierno colombiano para sacrificar hipopótamos, considerados una especie invasora, ha generado un intenso debate entre científicos, autoridades y grupos animalistas.
El Ministerio de Ambiente ha anunciado la eutanasia de al menos 80 ejemplares como parte de una estrategia para controlar la población de estos animales, que fueron introducidos en el país en los años ochenta por el narcotraficante Pablo Escobar.
Esta medida ha suscitado opiniones divididas. Mientras algunos expertos apoyan acciones urgentes para frenar su crecimiento, organizaciones animalistas rechazan el sacrificio y proponen alternativas como la esterilización o el traslado.
Costos y críticas a la medida
El costo del plan supera los 7.000 millones de pesos, equivalentes a casi dos millones de dólares, lo que ha generado cuestionamientos sobre su viabilidad.
La senadora Esmeralda Hernández criticó la decisión, señalando que la crisis es resultado de años de inacción estatal.
“No se puede normalizar resolver todo matando animales”, advirtió, abogando por soluciones no letales.
Investigadores del Instituto Humboldt han alertado que, sin controles efectivos, la población de hipopótamos podría superar los 500 individuos en 2030 y acercarse a los 1.000 en 2035.
Impacto en el ecosistema y comunidades locales
El profesor Germán Jiménez, de la Universidad Javeriana, explicó que esta especie se reproduce rápidamente y no tiene depredadores naturales en Colombia, lo que facilita su expansión.
Según expertos, los hipopótamos afectan la biodiversidad, alteran ecosistemas acuáticos y deterioran la calidad del agua, impactando a especies como manatíes, nutrias y chigüiros.
La eutanasia presenta una logística compleja, con altos costos operativos y resultados que podrían tardar hasta diez años en ser visibles.
Además, los hipopótamos representan un riesgo por su comportamiento territorial y potencialmente agresivo. En zonas del Magdalena Medio, como Puerto Triunfo y Doradal, estos animales son parte de la vida cotidiana.
Algunas comunidades dependen del turismo generado por los hipopótamos, mientras que otras viven con el temor de los riesgos de seguridad.
Especialistas coinciden en que cualquier decisión debe incluir a las poblaciones locales, dado el impacto directo que enfrentan.
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