La globalización ha impactado a la humanidad en múltiples aspectos, incluyendo la economía, el comercio y la cultura. Sin embargo, el globalismo, que promueve la interdependencia económica y política mundial, busca reducir las fronteras nacionales en favor de modelos supranacionales. Este fenómeno ha sido cuestionado por movimientos ultra conservadores, como el de Make America Great Again, liderado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El movimiento MAGA aboga por un mundo sin reglas que limite las libertades individuales y busca desmantelar normativas y derechos humanos, lo que puede resultar en la pérdida de identidades locales. Este enfoque ha encontrado eco en varios países, donde se han centrado en atacar el orden mundial establecido tras la Segunda Guerra Mundial, concretamente los acuerdos de Bretton Woods de 1944, diseñados para evitar futuros conflictos armados y promover la estabilidad económica.
La Gran Depresión de 1929, que llevó a una guerra de devaluaciones y al proteccionismo comercial, es un recordatorio de los peligros de la inestabilidad económica. En este contexto, el ex presidente libio Muamar Gadafi fue uno de los primeros en cuestionar el orden mundial vigente, pidiendo reformas en la ONU para otorgar mayor representación a África y criticando el poder de veto de cinco países.
El actual movimiento neo conservador, que Trump representa, ha desafiado el orden global al excluir a naciones de organismos como la Organización Mundial de la Salud y negarles fondos. Aunque la ONU ha cometido errores, su papel ha sido crucial en la promoción de la paz, la erradicación de enfermedades y la defensa del medio ambiente.
Las fuerzas conservadoras critican la gobernanza global porque consideran que socava la soberanía nacional y diluye la identidad cultural. Argumentan que organismos internacionales imponen regulaciones que pueden contradecir las leyes locales y la legitimidad del poder político que emana del Estado-nación.
Sin embargo, es fundamental reconocer que un territorio necesita orden político, social y económico para garantizar su progreso. De igual manera, el mundo requiere un esquema de gobernanza global para protegerse de las naciones que hoy cuestionan el statu quo.

