La fragilidad institucional del Estado dominicano afecta la administración pública, según un análisis de un funcionario con casi 40 años de experiencia en la materia. Este especialista en Organización y Métodos destaca cómo la asunción del poder por parte de políticos, ya sea por elección o nombramiento, ha evidenciado una falta de responsabilidad en la gestión de las instituciones públicas.
El autor menciona la obra de Joaquín Balaguer, «Los carpinteros», donde se refleja la psicología del ejercicio del poder en el país. En la novela, se señala que el acceso a una cuota de autoridad se percibe como una propiedad personal, en lugar de una responsabilidad ciudadana, lo que contribuye a la debilidad de las estructuras estatales.
La institucionalidad, definida como un Estado regido por normas abstractas y permanentes, requiere un régimen de consecuencias que limite el abuso de poder. Sin embargo, la fragilidad del sistema permite que los límites se diluyan, lo que afecta la conducta de los funcionarios al asumir el mando.
Al llegar al poder, muchos políticos dominicanos experimentan un cambio que los aleja de su realidad. Olvidan sus orígenes y las personas que los apoyaron, y el cargo se convierte en una propiedad personal. Esta percepción lleva a la normalización de prácticas como el tráfico de influencias y el negocio político burdo.
El análisis sugiere que romper con esta inercia requiere más que un cambio de actores en el poder; es necesario fortalecer la institucionalidad que subordine el capricho individual a la ley y a una administración técnica adecuada. Además, se debe fomentar una conciencia ciudadana que evite premiar a políticos que socavan la institucionalidad.
Este enfoque busca transformar el poder en un verdadero servicio a la nación, resaltando la importancia de una gestión pública responsable y comprometida con el bienestar colectivo.

