El Gobierno de Finlandia otorgó este jueves a la empresa Posiva la licencia para operar el primer almacén permanente de residuos nucleares del mundo, ubicado en Eurajoki, y con vigencia hasta el año 2070. Este permiso es el último paso legal antes de iniciar las operaciones de encapsulación y almacenamiento final de combustible nuclear gastado, tras la certificación de seguridad emitida por la Agencia de Seguridad Radiológica y Nuclear de Finlandia (STUK) en agosto.
La ministra de Medio Ambiente y Clima, Sari Multala, destacó la importancia de garantizar un uso responsable de la energía nuclear, desde su construcción hasta la eliminación definitiva del combustible. El consejero delegado de Posiva, Ilkka Poikolainen, calificó el día como histórico para la compañía y el país, resaltando que la solución adoptada fue el resultado de un esfuerzo significativo.
La licencia no significa que las operaciones de almacenamiento comiencen de inmediato, ya que Posiva debe completar la fase de puesta en marcha y realizar pruebas e inspecciones. Por lo tanto, no se ha proporcionado una fecha concreta para la apertura del almacén.
Características del almacén
El almacén geológico profundo, denominado ‘Onkalo’ (que significa cavidad en finés), se encuentra a más de 400 metros de profundidad, junto a la central nuclear de Olkiluoto. Tiene la capacidad de almacenar los residuos generados por los cinco reactores nucleares de Finlandia durante un siglo, lo que equivale a aproximadamente 6.500 toneladas.
La construcción de este proyecto monumental tomó más de veinte años y, aunque Posiva no ha revelado su costo exacto, se estima que asciende a unos 1.000 millones de euros (cerca de 1.120 millones de dólares). Posiva es propiedad de las compañías eléctricas Teollisuuden Voima (TVO) y Fortum, que poseen el 60 % y el 40 % de las acciones, respectivamente.
El sitio de ‘Onkalo’ fue elegido por su alta impermeabilidad y estabilidad geológica, además de la escasa actividad sísmica en la zona. El almacén cuenta con varios kilómetros de túneles y galerías, así como una planta de encapsulado automatizada para proteger a los trabajadores de la radiación durante el envasado de los residuos.
Una vez que los residuos sean depositados en su ubicación definitiva, el sistema de sellado de las cápsulas y unos pocos metros de roca madre garantizarán la contención de la radiación liberada por el combustible gastado durante al menos 100.000 años.

