Especialistas en acción humanitaria, seguridad alimentaria y resolución de conflictos denunciaron que el hambre se utiliza deliberadamente como un instrumento de control político y militar en guerras actuales, lo que agrava la crisis humanitaria y afecta especialmente a niños y poblaciones vulnerables. La denuncia fue presentada durante la segunda edición de La Mesa del Hambre, organizada en Madrid por la oenegé Manos Unidas.
Durante el evento, los expertos analizaron el impacto de los conflictos armados sobre el acceso a los alimentos y reclamaron medidas para combatir las causas estructurales de la inseguridad alimentaria. En 2025, se confirmaron dos hambrunas durante un mismo año, en Gaza y Sudán, según el Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias. Además, el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo (SOFI) de 2026 reveló que aproximadamente 645 millones de personas padecieron hambre en 2025 y 266 millones enfrentaron niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda en 47 países afectados por conflictos.
El reportero gráfico especializado en conflictos, Miguel Ángel de la Fuente, afirmó que “el hambre también es un arma de guerra y casi siempre la sufren quienes menos tienen que ver con ella”. De la Fuente advirtió que las consecuencias de las guerras persisten más allá de los enfrentamientos, ya que las familias pierden sus medios de subsistencia y dejan de tener acceso a alimentos suficientes.
Esperanza Santos Suárez, gestora de emergencias de Médicos Sin Fronteras, destacó que los efectos de los conflictos sobre la infancia pueden prolongarse durante generaciones, debido a la desnutrición, problemas de salud mental y pobreza. También denunció la destrucción de infraestructuras agrícolas y sistemas de abastecimiento de agua como tácticas que comprometen la supervivencia de la población civil.
Contradicciones en la respuesta internacional
El investigador en paz y desarme, Jordi Calvo, cuestionó las contradicciones de la respuesta internacional ante las crisis humanitarias. Afirmó que algunos países financian tanto programas de asistencia alimentaria como el suministro de armas que prolongan los conflictos que generan esas emergencias. Calvo rechazó la criminalización de quienes abandonan sus hogares para escapar del hambre y la violencia, instando a revisar las políticas que mantienen esta contradicción.
La segunda parte del encuentro se centró en las medidas necesarias para prevenir el hambre, enfatizando la importancia de superar los modelos de asistencia inmediata y abordar los factores económicos, sociales y políticos que dificultan el acceso a una alimentación adecuada. Rafael Grasa, profesor emérito de Relaciones Internacionales, defendió que tanto el hambre como las guerras responden a múltiples causas y requieren respuestas integrales.
Emma Orejudo, representante de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), destacó que las personas deben ser reconocidas como titulares de derechos y los Estados como responsables de garantizarlos, en lugar de limitar la respuesta a la entrega de ayuda. María González, directora de la organización Enraíza Derechos, afirmó que el hambre no es un problema inevitable de escasez, sino una vulneración de derechos humanos que puede prevenirse mediante decisiones políticas.
Al concluir la jornada, Cecilia Pilar, presidenta de Manos Unidas, hizo un llamado a la comunidad internacional para transformar sus compromisos en acciones concretas, recordando que garantizar la alimentación es fundamental para la dignidad humana, la justicia y la construcción de una paz duradera.

