La Evaluación del Desempeño Docente, recientemente finalizada, es un paso significativo hacia la mejora de la enseñanza en el país. Esta evaluación busca identificar las competencias, fortalezas y debilidades del profesorado, en un contexto donde la calidad educativa sigue enfrentando desafíos a pesar de las inversiones realizadas en infraestructura y formación docente. La información obtenida será crucial para orientar programas de formación continua que aborden las necesidades reales de los docentes.
La evaluación debe ser vista como el inicio de un proceso de mejora, no como un fin en sí mismo. Su verdadero valor radica en la capacidad de corregir deficiencias y promover prácticas pedagógicas más efectivas en el aula. Evaluar sin formar carece de sentido, y formar sin conocer las necesidades de los docentes resulta en programas de capacitación poco efectivos.
Es fundamental que la inversión en formación posterior a la evaluación se traduzca en planes de desarrollo profesional adaptados a las necesidades de cada centro educativo. La práctica docente está en constante evolución, influenciada por diversos factores, lo que hace insuficiente depender únicamente de evaluaciones periódicas para comprender la realidad en las aulas.
Para lograr una mejora continua, se requieren mecanismos permanentes de observación y seguimiento. Las interacciones entre docentes y alumnos son las que realmente determinan el aprendizaje, por lo que la observación frecuente del proceso áulico es esencial. Los directores deben prestar más atención a este aspecto y recibir formación adecuada.
Propuestas para mejorar la calidad educativa
El Plan Horizonte 2034 establece como prioridad el fortalecimiento de la calidad educativa y la mejora de los aprendizajes. Para alcanzar estas metas, es necesario desarrollar sistemas de información que proporcionen evidencia actualizada sobre la efectividad de las prácticas pedagógicas. Sin datos confiables, es complicado diseñar intervenciones efectivas y medir el impacto de las políticas educativas.
Se sugiere la creación de una agencia técnica independiente que monitoree de manera continua la calidad de la enseñanza, con autonomía técnica para generar evidencia objetiva. Esta agencia podría inspirarse en modelos de otros países, como Inglaterra y Chile, donde la supervisión independiente ha contribuido a elevar la calidad educativa sin menoscabar la profesión docente.
El sindicato de docentes, la ADP, juega un papel importante en este proceso. La clave no es debilitar al sindicato, sino establecer acuerdos que prioricen el aprendizaje de los estudiantes. Es fundamental que todos los actores involucrados en el sistema educativo asuman responsabilidades compartidas en relación con los resultados de aprendizaje.
El monitoreo independiente del trabajo docente debe servir como herramienta para identificar buenas prácticas y orientar la formación continua. La observación sistemática permite reconocer a los docentes más efectivos y ofrecer apoyo a quienes enfrentan dificultades, contribuyendo así a una cultura de mejora educativa.
El cambio educativo que el país necesita requiere un enfoque en los resultados, asegurando que las inversiones se traduzcan en mejores aprendizajes. La integración de la evaluación del desempeño, la formación continua y el monitoreo independiente es esencial para avanzar hacia los objetivos del Plan Horizonte 2034 y garantizar una enseñanza de calidad para todos los estudiantes.

