La Fundación Movilidad Vial Dominicana (Movido) presentó un estudio en el Distrito Nacional que revela que el 96% de los encuestados siente miedo e inseguridad ante posibles represalias de motoristas, en respuesta a las recientes agresiones y conflictos en las vías públicas.
Este temor se justifica por el creciente comportamiento agresivo de motoristas, que han tomado el control de las calles. Un caso reciente involucra un ataque a un chofer del Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE) el 21 de mayo de 2026 en el sector Café de Herrera, Santo Domingo Oeste, mientras trasladaba estudiantes. Otro incidente notable fue el asesinato de un conductor de camión recolector de basura en Santiago el 22 de abril de 2026, quien fue apuñalado por una turba de moto-conchistas tras un roce vehicular.
Las estadísticas reflejan un alarmante aumento en las inconductas de motoristas, quienes a menudo manejan de manera temeraria, ignorando las normas de tránsito. La Ley 63-17 prohíbe el uso de teléfonos celulares mientras se conduce, pero muchos automovilistas, incluidos mensajeros y repartidores, continúan desobedeciendo esta normativa.
En la República Dominicana, circulan 3,805,712 motocicletas, superando en 2,648,741 a los vehículos privados registrados hasta diciembre de 2025. Solo el 0.74% de los motociclistas posee licencia para conducir, lo que equivale a aproximadamente 1 de cada 100. Según el Observatorio Nacional de Seguridad Vial (Opsevi), en el año pasado, el 50.3% de los fallecidos en accidentes de tránsito estaban involucrados en motocicletas, sumando un total de 949 muertes.
En lo que va del año 2026, se han reportado 414 muertes por colisiones de tránsito, de las cuales al menos 213 corresponden a accidentes de motocicletas, representando el 51.4%. Estas cifras evidencian la necesidad urgente de mejorar la educación vial y el control del tránsito, especialmente entre los motoristas que representan un riesgo para otros usuarios de las vías.
La situación ha sido calificada como una epidemia social, con un aumento del caos en las calles. Las autoridades parecen incapaces de frenar este problema, mientras que el liderazgo político y social se muestra indiferente, posiblemente temeroso de las repercusiones en futuras elecciones.

