José Antonio Oria Fernández, un vecino de 60 años de Lepe, Andalucía, ha rescatado a dos vacas que, de no ser por él, habrían sido sacrificadas. Las vacas, llamadas Tiberia 1 y Tiberia 2, ahora viven en su finca de 14 hectáreas junto a la playa, donde disfrutan de un entorno natural y libre.
Oria decidió adoptar a las vacas tras asistir a una comida donde se iba a servir carne de res. Al ver a los terneros, sintió una conexión inmediata y decidió que no permitiría su sacrificio. “Comencé a acariciarlas y eran muy cariñosas, y decidí que no las matarían”, declaró a EFE. Convenció a sus anfitriones de que él compraría la carne necesaria para el evento, asegurando así la salvación de los animales.
Este caso es poco común en España y refleja una combinación de burocracia y amor por los animales. Oria enfrentó el desafío de legalizar la adopción de las vacas como mascotas. Para ello, tuvo que completar numerosos documentos y cumplir con la normativa que exige un código de explotación ganadera, instalaciones adecuadas y la identificación de los animales.
Tras investigar, Oria descubrió que existe una ley que permite tener animales de producción como mascotas, siempre que se inscriban en el registro correspondiente y se les retire su finalidad original. Con la ayuda de un veterinario, logró registrar a Tiberia 1 y Tiberia 2 como animales de compañía, asegurando que cuentan con microchip y toda la documentación necesaria.
Oria considera que su acción es un acto normal que defiende la vida de estos animales. La única diferencia con otros animales de compañía es que, en lugar de llevarlas a la consulta del veterinario, el profesional visita la finca para atenderlas. “Tienen sus papeles, su microchip y todo lo que tiene cualquier animal que viva con sus dueños”, concluyó Oria, quien ahora disfruta de la compañía de sus inusuales mascotas.
