El Salvador ha desplegado al menos 2,000 soldados en Haití tras la desaparición de cuatro militares en una emboscada de pandillas. Este movimiento, según el gobierno salvadoreño, busca rescatar a los soldados, aunque la magnitud del operativo sugiere que podría ser parte de una misión más extensa.
La llegada rápida y masiva de estos militares podría desorganizar la lucha contra la violencia en Haití, que está bajo la responsabilidad de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), según expertos. El 18 de octubre, los cuatro soldados salvadoreños desaparecieron en un barrio de Puerto Príncipe, controlado por bandas criminales.
El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, expresó en un video que «todo lo que queremos» es que los cuatro militares «vuelvan a casa». Aclaró que esta no es una operación contra el pueblo haitiano ni una invasión.
Jake Johnston, experto en Haití, considera que con 2,000 soldados en el terreno, esto no puede ser visto solo como una operación de búsqueda, sino más bien como un despliegue a largo plazo para combatir a las pandillas. Bukele afirmó que la operación continuará hasta recuperar a los soldados desaparecidos y que, una vez cumplido el objetivo, las tropas se retirarán.
El mandatario no especificó el presupuesto destinado a la operación ni los países que brindan apoyo técnico, aunque mencionó que El Salvador financia el 90% de la misión. En una conferencia de prensa, Bukele advirtió que si no se logra un acuerdo pacífico, se procederá a rescatar a los soldados «por las malas».
El gobierno salvadoreño confirmó la magnitud del despliegue y el acuerdo de cooperación con las autoridades haitianas después de cinco días. Mientras tanto, se ha observado un apoyo estadounidense, aunque Washington ha mantenido silencio sobre el tema.
El Pentágono confirmó el envío de al menos dos aviones militares a Puerto Príncipe para apoyo logístico, pero el Departamento de Estado no ha emitido comentarios. Desde el 22 al 29 de octubre, se han registrado vuelos chárter entre San Salvador y Puerto Príncipe, y se han instalado estructuras en la base militar internacional del aeropuerto Toussaint Louverture.
La operación de Bukele en Haití plantea interrogantes sobre su intención de exportar su modelo de seguridad, que ha sido criticado por defensores de derechos humanos. Este modelo, que incluye un estado de excepción y encarcelamientos masivos, ha reducido la criminalidad en El Salvador, pero su implementación en Haití es arriesgada.
La llegada de los soldados salvadoreños se suma a la presencia de la policía haitiana, el ejército, mercenarios extranjeros y los 2,000 agentes de la GSF. Esto crea una situación con múltiples fuerzas sin un mando unificado, lo que podría complicar aún más la lucha contra las pandillas.
Johnston advierte que el rápido despliegue de los soldados salvadoreños podría superar a la GSF, cuyo mandato expira en cinco meses. Sin un objetivo claro y conocimiento del terreno, existe el riesgo de que se produzcan más muertes sin abordar las causas de la violencia en Haití.

