El pitcheo en las Grandes Ligas ha experimentado un cambio significativo en las últimas dos décadas, transformando la forma en que se juega este deporte. A medida que se observa el movimiento del pitcheo, surgen preguntas sobre si los lanzadores de antaño eran realmente diferentes a los actuales.
Connie Mack, legendario manager, sostenía que el pitcheo representaba el 75% del juego, cuando los lanzadores completaban partidos enteros y lanzaban blanqueadas. En la actualidad, el enfoque ha cambiado drásticamente: los abridores suelen lanzar entre cinco y seis entradas, con un máximo de 85 lanzamientos, para luego dar paso a los relevistas y cerradores.
Un cambio radical en la estrategia
Este giro en la estrategia de pitcheo es notable, especialmente si se considera que, hasta la década de 1970, completar un juego y lograr blanqueadas eran logros de gran relevancia. Hoy en día, el enfoque se centra más en la especialización y el uso de múltiples lanzadores en un mismo partido.
Un ejemplo de la resistencia de los lanzadores en el pasado se puede ver en un partido histórico celebrado en el Braves Field de Boston el 1 de mayo de 1920. En ese encuentro, se jugaron 26 entradas y terminó empatado a una carrera. León Cadore, de los Robins de Brooklyn, y Joe Oeschger, de los Bravos de Boston, lanzaron todo el juego, que duró 3 horas y 50 minutos.
En ese partido, los Robins anotaron su única carrera en la quinta entrada, mientras que los Bravos empataron en la sexta. Un dato curioso es que el segunda base de los Bravos, Charles Pick, se fue de 11-0, una marca que aún se mantiene vigente.
Récords y anécdotas del pitcheo
En la Liga Americana, el récord de más turnos al bate sin hits lo impuso George Kell, de los Atléticos de Filadelfia, quien se fue de 10-0 en un partido de 24 entradas contra los Tigres de Detroit el 21 de julio de 1945. Este tipo de encuentros maratónicos eran comunes en el pasado, a diferencia de la dinámica actual.
Los Robins de Brooklyn también vivieron otro momento histórico al perder tres juegos consecutivos en mayo de 1920, acumulando un total de 58 entradas sin ganar. En 1982, el lanzador William Castro fue firmado por Oakland, mientras que en 1981, George Bell de Toronto conectó su primer jonrón en un juego contra Baltimore.
En el ámbito de los jonrones, Sammy Sosa destacó en 2001 al disparar su octavo jonrón de la temporada, y en 2002, logró dos jonrones en un solo juego, alcanzando un total de 56 partidos de jonrones múltiples en su carrera. Por su parte, Pedro Martínez se unió al selecto grupo de lanzadores al ponchar a su 2,700° bateador en 2005, consolidándose como uno de los grandes en la historia del béisbol.
Estos cambios en el pitcheo reflejan una evolución en el juego, donde la estrategia y la especialización han tomado un papel protagónico, alejándose de la tradición de los lanzadores que completaban juegos enteros.
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