El papa León XIV, primer pontífice estadounidense, celebró el 4 de julio en Roma, destacando la importancia de acoger a los inmigrantes en Estados Unidos. La celebración tuvo lugar en la residencia del embajador ante la Santa Sede, Brian Burch, con motivo del 250 aniversario de la Declaración de Independencia del país norteamericano.
Según la oficina de prensa del Vaticano, el Santo Padre se trasladó a la residencia del embajador en la noche del sábado 4 de julio, tras una jornada que incluyó una visita a la isla de Lampedusa, un símbolo de la crisis migratoria en el Mediterráneo. La embajada de EE.UU. ante la Santa Sede informó a través de su cuenta de X que el pontífice festejó la efeméride junto al embajador Burch y su familia.
Durante el encuentro, se le obsequiaron una camiseta de la selección de fútbol de Estados Unidos para el Mundial, una pelota de béisbol conmemorativa «Freedom 250» y una tarta de manzana casera. La legación diplomática destacó que el papa León XIV confirmó su apoyo al país donde nació durante el Mundial.
A pesar de haber declinado la invitación oficial del vicepresidente estadounidense, JD Vance, para asistir a los actos centrales del 250 aniversario en su país natal, el papa quiso unirse a la conmemoración mediante un mensaje dirigido a sus compatriotas. En una carta oficial, el obispo de Roma instó a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva y afirmó que «defender la vida humana también incluye acoger, proteger y asistir a los inmigrantes».
Además, el pontífice participó mediante un mensaje en vídeo en la ceremonia de entrega de la 38ª Medalla de la Libertad, que se celebró en el Centro Nacional de la Constitución de Filadelfia. León XIV recibió previamente el galardón por su contribución a la libertad de una delegación estadounidense que se desplazó a Roma.
Esta conmemoración se produce en un contexto de tensiones entre el Vaticano y la Administración del presidente Donald Trump. En abril, el papa calificó de «inaceptable» la amenaza de Trump de «aniquilar toda una civilización» durante la crisis con Irán, a lo que el mandatario respondió acusándolo de ser «débil con el crimen».
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