La decadencia de EE. UU. y del sistema imperialista occidental se hace evidente en un mundo que avanza hacia un orden multipolar. A pesar de que EE. UU. aún cuenta con recursos para actuar, su influencia se ve debilitada por conflictos en el Medio Oriente y el desafío de potencias como Rusia.
En Europa, países como Francia, España, Alemania e Italia enfrentan tensiones internas, mientras que en Colombia, la población se manifiesta contra el régimen de Abelardo De la Espriella. En Chile, las protestas se reavivan contra el neofascismo de Kast, y en Venezuela, los chavistas están experimentando un nuevo despertar.
Cuba se mantiene firme en su resistencia, y Nicaragua reafirma su independencia frente a EE. UU. En Haití, hay un renovado interés por la insurrección y la revolución antiesclavista. En EE. UU., la izquierda socialista crece en oposición a las élites capitalistas.
A pesar de los intentos de figuras como Trump y Rubio de mantener el control en la región, la lucha por la soberanía en países pequeños se complica por la intervención militar y la explotación de recursos naturales. La historia muestra que la revolución en República Dominicana fue derrotada en 1965, y desde entonces, el país ha vivido bajo una contrarrevolución imperialista.
Sin embargo, la situación global está cambiando. La decadencia de EE. UU. y de la Unión Europea se hace palpable, lo que provoca un viraje imperialista hacia el hemisferio. Este repliegue agresivo refleja su debilidad y desesperación, aunque su neo-fascismo es inestable y se desgasta rápidamente.
EE. UU. enfrenta una profunda crisis interna, lo que ha llevado a que muchos pueblos de América Latina retomen las calles en protesta. Es fundamental que República Dominicana no se deje intimidar y que la población exprese su descontento.
La gran fuerza mediática de EE. UU. busca ocultar su descomposición, pero es crucial librar la batalla de ideas para que la verdad prevalezca. La lucha debe centrarse en la conquista de mentes y corazones, utilizando nuevas formas de comunicación y acción.
Es necesario abordar temas sensibles como la crisis del agua, la cuestión ambiental, la violencia contra las mujeres, el deterioro de la educación y la salud, así como las desigualdades y el racismo. La lucha por los derechos vitales de la juventud y la denuncia del modo de producción capitalista son esenciales para avanzar hacia un futuro más justo.

