La educación pública en la República Dominicana enfrenta un grave fracaso sistemático, reflejando la incapacidad del Estado para cumplir su rol fundamental en la formación de estudiantes competentes. A pesar de que el gobierno reporta un promedio de 350 puntos en las pruebas PISA 2022, solo el 8% de los estudiantes alcanza el nivel mínimo en matemáticas, lo que evidencia la precariedad del sistema educativo. La situación se agrava con una tasa de deserción escolar alta y promedios nacionales en pruebas locales que rondan los 57 puntos.
A pesar de que el Estado destina alrededor del 4% del PIB a educación, esta cifra se ha vuelto un eslogan vacío, ya que en 2025 se registró la peor ejecución histórica del presupuesto educativo. Se han reportado irregularidades en el uso de estos fondos, incluyendo corrupción en el mantenimiento de escuelas y desvío de recursos hacia sueldos y gastos innecesarios. Las escuelas públicas continúan con infraestructuras deficientes, falta de materiales y docentes desmotivados.
Desigualdad y falta de rendición de cuentas
El gobierno actual celebra logros como la construcción de nuevas aulas, pero la calidad educativa sigue estancada. Más del 13% de los jóvenes no completa la educación básica, y la deserción afecta especialmente a los sectores más vulnerables, perpetuando el ciclo de pobreza. La educación pública se convierte en un reproductor de desigualdad, mientras que la educación privada avanza, accesible solo para una minoría.
La falta de rendición de cuentas es un problema estructural en el sistema educativo. Los ministros cambian, pero los resultados siguen siendo deficientes, y los estudiantes continúan saliendo sin las habilidades necesarias para enfrentar el mercado laboral. La educación no se mide en aulas inauguradas, sino en la capacidad de los jóvenes para contribuir al desarrollo del país.
Reformas necesarias
Es urgente un cambio radical en la gestión educativa, que incluya evaluaciones rigurosas de docentes y directores, así como transparencia en el uso del presupuesto. Se necesita un enfoque en la enseñanza de lectura, matemáticas y pensamiento crítico desde los primeros años. Sin una meritocracia real y consecuencias por bajo desempeño, el sistema educativo seguirá fracasando.
El Estado tiene la obligación de ofrecer una educación de calidad, pero hasta ahora solo ha entregado resignación. Si no se gestiona con seriedad y eficiencia, el país seguirá condenando a nuevas generaciones a repetir los errores del pasado. La educación pública dominicana no está fallando por casualidad, sino por decisiones políticas sostenidas que han permitido este estancamiento.
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