La reciente muerte de un joven en Santiago durante una intervención policial agrava la ya deteriorada imagen del cuerpo de seguridad en el país. Este incidente se suma a otro caso similar, donde un joven perdió la vida tras ser herido durante una incursión de agentes en una vivienda en La Ceibita de Pekín. Además, se reportan alrededor de 190 muertes en supuestos intercambios de disparos en el último año.
El 18 de diciembre, Víctor Alfonso Paredes, de 24 años, falleció en un evento social. La Policía ha afirmado que está investigando el caso y ha interrogado al presunto agente responsable de su muerte. Por otro lado, Miguel Ángel Miranda Flete, de 23 años, fue mortalmente herido cuando los agentes irrumpieron en su hogar para controlar la contaminación sónica.
La versión policial sobre el incidente ha generado confusión, especialmente tras el reporte de que un teniente del cuerpo resultó herido con un arma blanca en un hombro. Ambos sucesos ponen en tela de juicio los métodos de la Policía para mantener el orden público y la seguridad ciudadana. Estos eventos reflejan la resistencia de ciertos sectores dentro del cuerpo a adaptarse a la profesionalización y transformación que se busca mediante reformas.
La matanza de La Barranquita, ocurrida en septiembre, subrayó la necesidad urgente de avanzar en reformas que eviten tragedias como las de Paredes y Miranda Flete, entre otros.
