El 69% de los dominicanos afirma que no le importaría que un gobierno no democrático asumiera el poder si logra resolver los problemas del país, según el reciente Informe Latinobarómetro, publicado el 2 de octubre de 2026. A pesar de esto, el 47% considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobernar, cifra que supera el promedio de América Latina, que es del 63%. Este dato refleja un contexto regional donde la idea de un gobierno más firme tiene un considerable respaldo.
Desde hace 65 años, la República Dominicana se liberó de una dictadura y comenzó un proceso democrático que, según algunos, no ha sido valorado adecuadamente. Muchos ciudadanos parecen haber instaurado un libertinaje que afecta la seguridad y el orden público, abusando de los derechos democráticos que han costado tanto esfuerzo y sacrificio.
Definición de democracia
La democracia, según el diccionario de la Real Academia Española, es un sistema político donde la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o a través de representantes. Este sistema reconoce y respeta la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, valores esenciales para su funcionamiento.
Filósofos griegos como Sócrates, Platón y Aristóteles defendieron la democracia, enfatizando la importancia de la libertad y la igualdad. Platón, en su obra «La República», abordó la necesidad de una sociedad justa, mientras que Aristóteles analizó el gobierno democrático y propuso un sistema de representación para prevenir la corrupción.
Consecuencias del libertinaje
Los comportamientos de algunos ciudadanos que abusan de la libertad pueden poner en riesgo la democracia, llevando a la instauración de regímenes autoritarios. El libertinaje se caracteriza por el abuso de la libertad, donde individuos ofenden y destruyen reputaciones sin considerar las normas sociales y legales.
En este contexto, es comprensible que la población anhele un gobierno de mano dura que restablezca la seguridad y el orden. Esta tarea sería más efectiva si se acompaña de un sistema judicial honesto y sin vínculos políticos, que aplique la ley con rigor, tanto a la delincuencia común como a los delitos de cuello blanco.
El modelo de mano dura parece ser el preferido por la población latinoamericana, que busca soluciones efectivas a la inseguridad y el desorden social que afecta a sus países.

