Desde España, el papa León XIV ha hecho un llamado a la unidad y la solidaridad en la República Dominicana, recordando que ninguna nación puede construir un futuro sólido sobre el odio y la división. En su mensaje, enfatiza que la cultura del encuentro es fundamental para la estabilidad y prosperidad, mientras que la confrontación destruye la convivencia humana.
La realidad dominicana refleja tiempos en que las diferencias políticas afectan las relaciones entre familias, amigos y comunidades. En este contexto, la búsqueda de la verdad a menudo se ve sustituida por la propaganda, y los intereses particulares prevalecen sobre el bien común.
León XIV sostiene que una nación no se edifica destruyendo al adversario, sino encontrando puntos en común para avanzar juntos. Por ello, es crucial que la República Dominicana recupere el sentido de comunidad nacional y coloque al ser humano en el centro de las decisiones públicas.
La economía debe servir a la familia y el desarrollo debe alcanzar a los barrios, campos y municipios que han sido olvidados. El papa recuerda que los pueblos grandes son aquellos que dialogan sin rendirse y defienden sus principios sin odio.
Los dominicanos, herederos de Duarte, Sánchez y Mella, deben recordar que la patria nació del amor a la República Dominicana, no del odio. Es imperativo fomentar una nueva cultura nacional basada en la verdad, la justicia, la solidaridad, la responsabilidad y el respeto mutuo.
Se debe permitir que cada persona mantenga sus convicciones, pero también es esencial no renunciar al diálogo. La defensa de la soberanía y la denuncia de errores son necesarias, pero deben ir acompañadas de propuestas de soluciones.
El futuro de la República Dominicana no se forjará a partir de la división, sino del encuentro entre ciudadanos libres, conscientes y comprometidos con el destino de la nación.

