Las desigualdades sociales en las sociedades occidentales, incluida la República Dominicana, están generando un aumento en la violencia y la delincuencia. A pesar del crecimiento económico sostenido en las últimas cuatro décadas, una gran parte de la población no ha experimentado esos beneficios, lo que ha llevado a un descontento generalizado. Esta situación se manifiesta en un desorden social que se traduce en actos de rebeldía y criminalidad.
La combinación de un mundo globalizado y la falta de políticas públicas efectivas ha perpetuado realidades de pobreza que excluyen a una gran mayoría del desarrollo. La ausencia de un orden social claro ha contribuido a que las personas busquen respuestas en posiciones extremas, aunque estas no ofrezcan soluciones viables. Este fenómeno refleja una desorientación social que agrava aún más la situación.

