La desigualdad de oportunidades en la República Dominicana perpetúa la pobreza y el hambre sistémica, afectando a las grandes mayorías mientras beneficia a un pequeño sector de la sociedad. El país se encuentra en la región más desigual del mundo, lo que agrava las injusticias sociales y económicas.
La pobreza y el hambre son características del actual régimen económico y social, donde la escasez y las privaciones materiales y espirituales son comunes. Aunque se implementan programas de ayuda, como dádivas y bonos, estas medidas no eliminan el hambre, que es un problema estructural.
Desafíos estructurales
El sistema económico vigente en la República Dominicana está marcado por el desamparo y la indigencia, lo que se traduce en penurias para gran parte de la población. La clase dominante busca minimizar la gravedad de la pobreza y el hambre, presentando una imagen distorsionada de una sociedad de clase media.
A pesar de los intentos por ocultar la realidad, la composición social del país incluye trabajadores del campo y la ciudad, así como desocupados y una minoría adinerada. La erradicación de la pobreza y el hambre, al igual que del desempleo y la corrupción, solo se logrará mediante una transformación estructural del sistema.
Decir que en la República Dominicana no hay hambre ni pobreza es una estrategia política que busca distraer a la población y desviar la atención de los problemas reales. En pleno siglo XXI, la existencia de hambre y pobreza es un bochorno y un agravio para la sociedad.

