Decenas de cubanos acceden a medicamentos gratuitos en farmacias comunitarias en La Habana, gracias al proyecto «La medicina no está en venta», dirigido por Laura Mendoza. Este programa se lleva a cabo los jueves y domingos en el barrio del Vedado, donde los voluntarios distribuyen fármacos como cetirizina, furosemida, timolol y gentamicina, sin costo alguno para los pacientes.
La crisis actual en Cuba ha dificultado el acceso a medicamentos, exacerbada por el cerco energético y financiero impuesto por Estados Unidos desde enero. Las farmacias estatales, que durante décadas fueron la única opción para obtener medicamentos a precios subsidiados, han sido reemplazadas en parte por ofertas en internet y grupos de redes sociales.
Iniciativas comunitarias
Ante la escasez, el proyecto de Mendoza se ha vuelto esencial, recibiendo donaciones de grupos humanitarios de Canadá y Estados Unidos, así como apoyo de Cáritas. Mendoza ha establecido cinco grupos de WhatsApp en La Habana y uno más en Guanabo, donde los voluntarios coordinan la entrega de medicamentos.
Este esfuerzo ha llevado a un aumento de proyectos comunitarios en la isla, con cerca de un centenar en La Habana. Mendoza recibe más de 13 kilos de medicamentos a la semana, gracias a envíos aéreos y donaciones de vecinos.
Cuando un paciente no puede recoger su medicina, los voluntarios se encargan de llevarla a su hogar o al hospital. Sin embargo, hay una notable falta de medicamentos esenciales para la diabetes y tratamientos oncológicos, así como suministros médicos básicos en los hospitales.
Desabastecimiento y nuevas regulaciones
La situación se ha vuelto crítica, con un informe que indica que las farmacias estatales en Ciego de Ávila cuentan con apenas el 10% de los medicamentos necesarios. Las autoridades han reconocido que la falta de insumos y problemas logísticos están afectando la distribución de fármacos.
En respuesta a esta crisis, el gobierno cubano ha anunciado la apertura de farmacias privadas, como parte de un paquete de 176 medidas aprobadas en junio. Estas farmacias estarán reguladas por el Estado y no podrán vender productos de uso hospitalario.
A pesar de la posibilidad de contar con más medicamentos, muchos cubanos se preguntan cómo podrán costearlos, dado que los salarios son muy bajos. Por ejemplo, Sara Márquez, de 69 años, relató que el costo de un medicamento que antes compraba por 0,30 pesos cubanos ha aumentado a 1.000 pesos en el mercado informal, lo que representa un gran desafío para su pensión mensual de 3.200 pesos cubanos.
La falta de acceso a medicamentos y los altos precios en el mercado informal continúan siendo una preocupación para los cubanos, quienes enfrentan una crisis de salud pública sin precedentes.

