El Gobierno de Cuba reafirmó su rechazo a negociar reformas políticas o económicas con EE.UU., a pesar de la creciente presión de Washington, que ha amenazado con acciones militares. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó que estos temas no son parte de las conversaciones con Estados Unidos, subrayando que no se discutirán asuntos que afectan la soberanía y la independencia de la isla.
Rodríguez advirtió que el nacionalismo cubano no debe ser subestimado y que cualquier ataque estadounidense provocaría una respuesta contundente del pueblo cubano. «Cuba sería un avispero. Cuba sería una trampa mortal», aseguró, enfatizando que la defensa del país se llevará a cabo tanto con ideas como con armas.
Presión económica y militar de EE.UU.
El canciller destacó que, aunque Cuba se prepara para cualquier eventualidad, incluida una agresión militar directa, confía en que prevalezca la cordura antes de que se inicie un conflicto. Rodríguez también mencionó que el país actuará con responsabilidad en cualquier situación.
La tensión se intensificó después de que el expresidente Donald Trump afirmara que «tomará el control» de Cuba «casi de inmediato», aunque primero se enfocará en Irán. Esta declaración coincide con la reciente orden ejecutiva de Washington que amplía las sanciones, afectando a personas y empresas no estadounidenses que mantengan relaciones comerciales con Cuba, especialmente en sectores clave como energía y finanzas.
Desde enero, EE.UU. ha incrementado la presión económica sobre La Habana, implementando un bloqueo petrolero que ha limitado drásticamente la entrada de crudo y combustibles, lo que ha resultado en un aumento de apagones y una economía paralizada. A pesar de las conversaciones entre ambas partes, no se han hecho públicos los temas tratados ni los avances logrados hasta el momento.

