Comunidades de San Juan se han unido para defender su tierra ante el proyecto minero Romero, que amenaza su entorno y recursos naturales. Esta situación recuerda la lucha de Boca de Nigua, donde los habitantes resistieron durante años contra la instalación de una mina en su territorio, valorando su historia y patrimonio. La resistencia de ambas comunidades destaca la importancia de proteger lo que consideran invaluable: su tierra, agua y derecho a vivir en paz.
La historia de Boca de Nigua comenzó en noviembre de 2016, cuando un promotor presentó permisos para desarrollar el proyecto minero Rodríguez Almanzar en un área protegida. Esta zona no solo es parte del municipio San Gregorio de Nigua, sino que también alberga importantes ruinas históricas y ecológicas, como los ingenios coloniales Boca de Nigua y Diego Caballero, que son parte de la Lista Indicativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La comunidad entendió desde el inicio que la instalación de una mina en su territorio era incompatible con su entorno. Así, Boca de Nigua se movilizó, realizando protestas, vigilias y reuniones comunitarias durante cuatro años, desde 2016 hasta 2020, para expresar su oposición al proyecto. A pesar de las promesas de desarrollo y empleo, los habitantes sabían que su historia y patrimonio estaban en juego.
La lucha no estuvo exenta de dificultades, incluyendo tensiones y militarización. Sin embargo, la comunidad se mantuvo firme, y un momento crucial ocurrió cuando el promotor minimizó la oposición, lo que provocó una gran marcha el 28 de abril de 2019, donde el municipio se unió bajo la consigna “No a la mina en Boca de Nigua”. Esta movilización demostró que la resistencia no era un capricho aislado, sino un movimiento colectivo.
Finalmente, el Ministerio de Medio Ambiente revocó el permiso para el proyecto, reconociendo que no debía desarrollarse en esa zona. La lucha de Boca de Nigua también revitalizó el interés por su patrimonio histórico, llevando a visitas de ministros de Cultura y promoviendo la recuperación de los ingenios.
A pesar de los retos que aún enfrenta, como la seguridad y el acceso a la zona, la comunidad ha recuperado su identidad y se ha convertido en un destino turístico. Al observar la situación en San Juan, se evidencian similitudes en las luchas por la defensa del territorio y los recursos naturales, lo que resalta que estos conflictos pueden tener repercusiones más amplias.
Ambas comunidades han demostrado que, al unirse con conciencia y firmeza, pueden enfrentar intereses poderosos. La lucha de Boca de Nigua y la de San Juan son ejemplos de cómo los pueblos humildes pueden hacer historia y convertirse en referentes de dignidad y resistencia en el país.

