La comunicación enfrenta una crisis de orden, donde la libertad de expresión se utiliza sin responsabilidad. Antes, el contrato social promovía la renuncia a parte de la libertad en favor de la seguridad y la convivencia, y hoy se requiere un enfoque similar en el ámbito de los mensajes. La facilidad para opinar, publicar y compartir puede generar tanto oportunidades como ruido y confusión.
El verdadero problema radica en la falta de responsabilidad al comunicar. Cuando las personas expresan sus opiniones sin considerar el impacto de sus palabras, se fractura la conversación pública. La libertad de expresión no debe ser un pretexto para dañar, manipular o desinformar.
Es fundamental establecer reglas éticas que guíen la comunicación, sin caer en la censura. Se requiere una mayor conciencia sobre el efecto de nuestras palabras, en lugar de fomentar el miedo. Comunicar implica convivir, y por ello es necesario un nuevo pacto social que promueva la libertad de expresión junto con la verdad, el respeto y un propósito claro.
Te puede interesar...
