El auge de las redes sociales ha llevado a muchos comunicadores e influencers a adoptar personajes y estilos de comunicación específicos para captar la atención de sus audiencias. Esta tendencia se observa en diversas plataformas donde los comunicadores asumen roles como defensores de causas, críticos de la farándula o analistas políticos, logrando así conectar con nichos de público que valoran su contenido.
La creatividad y la capacidad de comunicar son fundamentales en este proceso, ya que permiten a los comunicadores transmitir mensajes de manera atractiva y entretenida. Sin embargo, también han surgido voces que representan intereses particulares, utilizando estas plataformas para influir en la opinión pública y promover ciertos mensajes.
Impacto de las redes sociales
El uso de internet y las redes sociales ha evolucionado, convirtiéndose en herramientas esenciales para aprender, informarse y hacer negocios. No obstante, también son utilizadas para actividades negativas como la difamación y el chantaje, lo que ha llevado a una proliferación de prácticas comunicacionales que no contribuyen al bienestar social.
Estas malas prácticas han generado la necesidad de establecer regulaciones que, aunque buscan proteger la libertad de expresión, pueden resultar en censura y autocensura. La preocupación radica en que la gente podría optar por no expresar sus opiniones por miedo a represalias legales.
A pesar de que el nuevo código penal aún no ha entrado en vigencia, se ha evidenciado que las leyes actuales permiten aplicar sanciones sin recurrir a medidas extremas. Se hace un llamado al Poder Ejecutivo para que revise el nuevo código y elimine los artículos que limitan las libertades fundamentales.
Consecuencias de la influencia comunicacional
Los comunicadores, al adoptar un personaje, pueden perder de vista la responsabilidad que conlleva su mensaje. Esta confusión entre el mensajero y el mensaje puede llevar a situaciones legales, donde la difamación y el daño moral se convierten en temas recurrentes en los tribunales.
La repetición de ciertos roles comunicacionales puede hacer que los comunicadores se sientan cómodos en sus personajes, lo que a su vez puede intensificar la carga emocional de sus mensajes. Esto puede resultar en que más personas se sientan ofendidas o afectadas por lo que se comunica.
Es importante destacar que la influencia no siempre es intencional. Un comunicador puede no tener la intención de provocar un conflicto o dañar una reputación, pero su mensaje puede ser interpretado de manera diferente por la audiencia, dependiendo del contexto social y la percepción del receptor.
Finalmente, algunos comunicadores pueden llegar a identificarse tanto con su personaje que pierden la noción de su verdadera identidad. Esto puede resultar en la falta de preparación y competencias necesarias para una representación digna en el ámbito político, lo que a menudo se traduce en fracasos y pérdidas en la gestión pública.

