La competitividad empresarial se ha convertido en un factor clave para impulsar la productividad y sostenibilidad de los negocios, permitiendo a las empresas vender más unidades a precios más altos y lograr un retorno de inversión sostenible. En este contexto, la innovación y la reingeniería de procesos son esenciales para mantener el liderazgo en el mercado, especialmente con la incorporación de agentes de inteligencia artificial y automatización. Las empresas que logran adaptarse a estos cambios pueden alcanzar una “súper productividad”, haciendo más con menos recursos.
Ser competitivos implica prestar atención a aspectos fundamentales como la calidad del producto, el servicio al cliente, la garantía ofrecida y los precios de venta. Además, la ventaja competitiva sostenible y la ventaja comparativa que puede ofrecer un país o región son factores determinantes. En el caso de la República Dominicana, se destacan atributos como sus playas, el turismo y la calidad de sus peloteros, que contribuyen a su marca país.
Las empresas que crecen y se internacionalizan enfrentan un aumento en sus costos operativos, lo que requiere contar con recursos humanos capacitados para continuar su desarrollo. La economía de escala y la consolidación de operaciones son estrategias que acompañan este proceso, permitiendo a las empresas especializar su cadena de valor y mejorar su competitividad. Sin embargo, la supervivencia en el mercado también es crucial, y muchas empresas deben adaptarse a un ciclo de vida que puede ser acelerado por la obsolescencia tecnológica.
La conocida frase «el pez grande se come al chiquito» refleja la realidad del mundo empresarial, donde las empresas más grandes desplazan a las más pequeñas debido a su capacidad de compra y economía de escala. Mantener un posicionamiento sólido en el mercado y ofrecer un retorno atractivo a los accionistas es un desafío constante para las empresas mejor gestionadas. Estas organizaciones valoran el clima de negocios en los países donde operan, ya que un entorno con altas cargas impositivas puede desincentivar la reinversión.
Recientemente, la aprobación del “plan anti crisis” ha generado preocupación, ya que se estima que el 1% de los más ricos aportará el 90% de las recaudaciones esperadas para enfrentar la crisis. Este fenómeno, conocido como “Súper Paretto”, sugiere que una pequeña selección de productos puede generar la mayor parte de las ventas. Sin embargo, si se implementan aumentos en impuestos como el 30% sobre la renta y la retención del 15% a personas físicas, se anticipa un impacto inflacionario significativo.
Los costos adicionales que enfrentarán los actores económicos más ricos se trasladarán a los precios de venta, lo que provocará un encarecimiento inmediato de bienes y servicios. Este aumento de precios no solo generará más ventas y retenciones de ITBIS, sino que también afectará desproporcionadamente a la clase media y a los más pobres, quienes cargarán con el peso de la inflación. Así, el gobierno podría beneficiarse de una recaudación mayor, no para mitigar la crisis, sino para aumentar sus ingresos.
Es fundamental tener en cuenta que estas medidas pueden empujar a las pequeñas empresas hacia la informalidad y generar resistencia a los controles digitales. La supervivencia de los negocios más pequeños dependerá de su capacidad para adaptarse a un entorno cambiante y desafiante, donde la libertad financiera de la población económicamente activa se vea comprometida.

