El poder en la historia dominicana ha sido un fenómeno que trasciende a las personas que lo ostentan, como se evidenció con figuras como Rafael Trujillo, quien mantuvo el control durante más de 30 años, y Joaquín Balaguer, que lo hizo por 22. Este fenómeno se perpetúa gracias a los símbolos del poder que acompañan a quienes lo ejercen, lo que les permite dominar sin contemplaciones.
Desde los tiempos de Maquiavelo, el poder busca influir en la mentalidad del pueblo. Cuando el amor hacia el liderazgo se agota, se recurre al miedo como herramienta de control. Kenneth Galbraith describió en su obra «Anatomía del poder» tres formas de ejercerlo: compensatorio, condicional y coercitivo, conceptos que también se aplican en las relaciones internacionales con el poder blando y duro.
Durante los regímenes autoritarios en la República Dominicana, se intentó persuadir a las masas mediante la cultura y las ideas, pero cuando esto dejó de ser efectivo, se recurrió a la represión. Sin embargo, en momentos críticos del siglo XX, surgieron líderes como Juan Bosch y Peña Gómez, quienes desafiaron el poder aprovechando las circunstancias, lo que llevó a que las masas se identificaran con sus convocatorias.
La teoría de Marx sugiere que los grandes cambios ocurren cuando las condiciones materiales son propicias. Asimismo, la Biblia menciona que la gloria es para los valientes. En la República Dominicana, se ha demostrado que, a pesar de las dificultades, como los prolongados apagones, la población tiende a olvidar rápidamente las penurias una vez se restablece el servicio eléctrico.
En el contexto electoral, cuando la oposición se muestra amigable con el poder y no aprovecha las condiciones adversas, el poder se presenta como solidario y condescendiente, lo que lleva a los votantes a olvidar las falencias de la administración. El apoyo popular, reflejado en las encuestas, se logra abrazando causas sociales y defendiendo al pueblo de las alzas en los precios de combustibles y alimentos.
Finalmente, vencer al poder no se logra a través de discursos flexibles, sino conectando con el malestar social y movilizándose en las calles. Este enfoque es fundamental para desafiar la estructura del poder en la sociedad dominicana.

