En La Guaira, Venezuela, varios comerciantes han reabierto sus negocios tras el devastador doble terremoto de hace dos semanas. En Caraballeda, solo tres establecimientos han retomado la actividad: una panadería, una pollería y una tienda de víveres, según Alexander Pérez, un comerciante que ha perdido otra tienda en la zona cero de los sismos.
Pérez reabrió su pequeña tienda hace cuatro días, a pesar de que su otra tienda, más grande, fue destruida en la zona más afectada. «La pérdida no fue total, pero fue como de un 80 % y lo que quedó lo donamos», comentó. Aunque él y su familia salieron ilesos, tuvo que superar el miedo a nuevos temblores para reanudar sus ingresos.
En su tienda, algunas personas compran refrescos y dulces, productos que no son distribuidos por los puestos de ayuda que alimentan a cientos de afectados por los terremotos, que han dejado un saldo de 3,685 vidas. En contraste, muchos comercios en la zona turística permanecen vacíos, con edificios colapsados a su alrededor.
El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) estima que más de 250 pequeños y medianos comercios en La Guaira se vieron afectados, ya sea por pérdidas totales o parciales. Aunque algunos grandes comercios, como Farmatodo y McDonald’s, sufrieron pocos daños, han sido convertidos en refugios temporales o hospitales.
Pérez, que tiene alrededor de 50 líneas de crédito con proveedores, explicó que debe unos 700 dólares este mes y decidió abrir su negocio para enfrentar la situación. «Este tipo de negocio funciona con muchos créditos», añadió, sintiéndose afortunado de ser uno de los pocos que aún opera.
En Macuto, localidad cercana a Caraballeda, los pequeños comercios han comenzado a recuperar cierta normalidad. Astrid Sánchez ha reformado su venta y ahora ofrece pasteles y empanadas, además de refrescos y agua, principalmente a policías y funcionarios que trabajan en la zona afectada.
A pesar de su temor inicial a abrir, Astrid decidió hacerlo por la necesidad de sustentar a su familia. «Tengo dos hijos y tengo una mamá y nosotros también comemos», expresó mientras atendía a los clientes. A pocos metros, otros comercios aún mantienen sus cortinas bajadas, aunque planean abrir más tarde.
La panadería de Eric Nieves ha estado abierta «a media máquina» y solo vende bollos de pan y alimentos empaquetados. Su preocupación radica en que la población podría abandonar La Guaira, lo que afectaría su clientela.
Don Elías, un hombre de 76 años, ha reabierto su puesto de café en la calle, vendiendo tabaco y dulces para costear sus tratamientos médicos, ya que no tiene otra fuente de ingresos. La situación en La Guaira sigue siendo crítica, pero algunos comerciantes intentan retomar sus actividades en medio de la adversidad.
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