China y Estados Unidos, las principales potencias en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), abordan su regulación de manera diferente, a pesar de compartir preocupaciones sobre la seguridad de las personas y la soberanía de los Estados. Mientras Estados Unidos se enfoca en la competitividad y la desregulación, China opta por un modelo de supervisión administrativa y arquitectura multilateral. Recientes acuerdos han establecido canales de comunicación, pero no un régimen común.
La llegada de la computadora y el internet ha transformado globalmente los modelos de producción y las condiciones de vida de amplios sectores de la humanidad. Este cambio ha permitido que sistemas de IA, que aprenden de grandes volúmenes de datos, realicen tareas antes exclusivas de la cognición humana. Sin embargo, estos sistemas no poseen inteligencia propia, sino que operan bajo objetivos establecidos por humanos, según la definición legal estadounidense de la Orden Ejecutiva 14179.
Ante esta realidad, Estados Unidos ha comenzado a regular la IA en su territorio. Tras la revocación de la Orden Ejecutiva 14110 en 2023, la Orden 14179 de enero de 2025 busca mantener el dominio global en IA, priorizando el desarrollo humano y la seguridad nacional. El Plan de Acción de IA de julio de 2025 se centra en la innovación y la exportación de tecnología estadounidense a países aliados, mientras que la Orden Ejecutiva 14365 de diciembre de 2025 limita leyes estatales que contradigan un marco nacional.
En contraste, China regula la IA a través de normas administrativas. Las Medidas Provisionales para la Gestión de los Servicios de IA Generativa, vigentes desde el 15 de agosto de 2023, y las Medidas de Etiquetado de Contenidos Generados por IA, que entraron en vigor el 1 de septiembre de 2025, reflejan un enfoque de supervisión estatal sobre los proveedores de servicios.
Un hito en la relación bilateral se dio en noviembre de 2024, cuando Joe Biden y Xi Jinping acordaron que el control sobre el uso de armas nucleares debe permanecer en manos humanas y no de la IA. Además, China ha promovido un enfoque multilateral, presentando en julio de 2025 un Plan de Acción para la Gobernanza Global de la IA y sugiriendo la creación de una Organización Mundial de Cooperación en IA.
En el ámbito de las Naciones Unidas, se logró un consenso el 26 de agosto de 2025, cuando la Asamblea General adoptó la resolución A/RES/79/325, que establece un Panel Científico Internacional Independiente sobre IA. Esta resolución busca fomentar un diálogo global sobre la gobernanza de la inteligencia artificial.
La cumbre entre Trump y Xi en septiembre de 2026 en Washington reafirmó esta lógica de avances limitados. Ambos líderes acordaron establecer un canal para abordar incidentes relacionados con la IA, aunque Trump dejó claro que su país no detendría su desarrollo tecnológico. Mientras Trump rechazaba un acuerdo internacional, Xi abogó por gestionar la IA en beneficio del bien común.
A pesar de sus diferencias, ambos países comparten dos objetivos fundamentales: proteger la seguridad de los individuos y salvaguardar la soberanía de las naciones. Estados Unidos ha implementado la ley Take It Down contra la explotación mediante deepfakes, y China exige el etiquetado de contenidos generados por IA. Cada potencia interpreta la soberanía de manera distinta, con Estados Unidos enfocándose en el liderazgo tecnológico y China en el derecho de los Estados a desarrollar sus capacidades.
La inteligencia artificial ha evolucionado de ser una promesa tecnológica a un tema de seguridad y soberanía. Aunque Estados Unidos y China no han logrado un consenso regulatorio, han encontrado una convergencia parcial en la protección de personas y Estados, a pesar de sus diferencias en métodos y en la fijación de reglas. Los recientes canales de comunicación son un paso positivo, pero su efectividad dependerá de compromisos verificables y de la participación de otras naciones en foros universales como la ONU.

