El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, visitará China el miércoles, en medio de tensiones comerciales marcadas por aranceles y el control de tierras raras. La visita se produce con una tregua vigente entre Washington y Pekín, tras recientes reveses judiciales en la guerra comercial de EE. UU. contra China. Previo a este encuentro, el viceprimer ministro chino He Lifeng y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sostendrán negociaciones en Seúl.
Contexto de la guerra arancelaria
La guerra comercial comenzó tras el regreso de Trump al poder en enero de 2025, alcanzando niveles cercanos a un bloqueo comercial entre las dos economías más grandes del mundo. En su punto más crítico, los aranceles medios estadounidenses sobre productos chinos llegaron al 127.2%, mientras que las represalias chinas alcanzaron el 147.6% sobre importaciones de EE. UU.
En abril del año pasado, Pekín incluyó las tierras raras en su estrategia comercial, imponiendo restricciones globales a la exportación de elementos clave como el samario y el disprosio. Estas medidas afectaron sectores críticos como la defensa y la automoción, generando cuellos de botella en las cadenas de suministro.
La tregua actual se consolidó tras una pausa arancelaria de 90 días acordada en mayo de 2025, que fue prorrogada en agosto. Durante un encuentro en Busan, Corea del Sur, en octubre, se pactó una reducción de los aranceles medios estadounidenses sobre productos chinos del 57% al 47%.
China, por su parte, suspendió un arancel adicional del 24%% sobre productos estadounidenses y se comprometió a eliminar tasas sobre productos agrícolas. Además, se acordó reanudar el comercio agrícola y frenar el flujo de precursores químicos usados en la fabricación de fentanilo hacia EE. UU.
Desenlaces judiciales y su impacto
La situación se complicó en febrero cuando el Tribunal Supremo de EE. UU. invalidó parcialmente los aranceles impuestos por Trump. A raíz de este fallo, la Administración intentó aplicar un nuevo arancel global del 10% a la mayoría de importaciones, pero el Tribunal de Comercio Internacional bloqueó esta medida, limitando su alcance a solo tres demandantes.
El impacto de estas decisiones judiciales en las aduanas estadounidenses sigue siendo incierto, ya que no han eliminado todos los gravámenes cuestionados. Washington ha buscado alternativas legales para mantener algunos aranceles vigentes.
Según Capital Economics, la transición a un recargo global temporal del 10% ha reducido la tasa media ponderada aplicada por EE. UU. a bienes chinos al 22.3%, aunque sigue siendo considerablemente más baja que los niveles de tres dígitos alcanzados durante el apogeo de la guerra arancelaria.

