El Gobierno de Chile rechazó las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, quien relacionó la cooperación estadounidense en seguridad y la protección de los derechos chilenos sobre el estrecho de Magallanes con una mayor colaboración de Santiago en las prioridades de Washington. Judd afirmó que sus palabras fueron malinterpretadas y la administración de José Antonio Kast considera presentar una protesta diplomática, reafirmando que no necesita apoyo extranjero para defender su soberanía.
La controversia surgió el 7 de octubre durante un foro comercial en Chile, donde Judd sugirió que la asistencia de EE. UU. debería ir acompañada de reciprocidad política. Sus comentarios generaron una rápida respuesta del Gobierno chileno y críticas de parlamentarios tanto oficialistas como opositores.
Reacción del Gobierno chileno
El ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, rechazó cualquier insinuación de que Chile necesitara respaldo extranjero para ejercer su soberanía y dejó abierta la posibilidad de una protesta diplomática. Durante el Día del Comercio Global, Judd abordó la cooperación contra el crimen organizado y las preocupaciones de Washington sobre la influencia de China en infraestructura estratégica chilena.
Judd declaró: «Si quieren los recursos que tenemos para combatir el crimen organizado, si quieren un país que les ayude a proteger sus derechos sobre el estrecho de Magallanes; si quieren todas esas cosas, entonces van a tener que trabajar con nosotros en las cosas que también son importantes para nosotros». Sus palabras fueron vistas como un condicionamiento de la asistencia estadounidense a decisiones soberanas de Chile.
Desde el Congreso Nacional, Pérez Mackenna enfatizó: «El estrecho de Magallanes fue, es y será siempre chileno». Además, aseguró que Chile puede defender su soberanía sin apoyo externo, recordando que lo ha hecho durante 200 años.
Reacciones políticas y aclaraciones
La presidenta del Senado, Paulina Núñez, y el vicepresidente, Iván Moreira, también defendieron la soberanía nacional, afirmando que Chile no necesita autorizaciones externas para ejercer sus derechos territoriales. Desde la oposición, senadores como Gastón Saavedra y Diego Ibáñez pidieron una protesta diplomática formal.
Ante la reacción del Gobierno chileno, Judd emitió una declaración en la que negó haber condicionado la soberanía de Chile, afirmando que sus palabras habían sido sacadas de contexto. Agradeció a quienes reconocieron el contexto de su intervención y reiteró su apoyo a la relación bilateral.
A pesar de la aclaración, las declaraciones de Judd siguen siendo vistas como un episodio de presión diplomática, en un momento en que EE. UU. busca reforzar su influencia en América Latina frente a la expansión de China. La controversia también se da en medio de tensiones diplomáticas previas entre Chile y Argentina sobre el mismo estrecho.
Chile fundamenta su posición en el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, reiterando que Argentina no tiene soberanía sobre el estrecho. La Cancillería chilena reafirmó esta postura el 6 de octubre, un día antes de las declaraciones de Judd.

