Cerca del 48% de los jóvenes dominicanos ha utilizado hookah o vapes, lo que genera preocupación entre especialistas y autoridades sanitarias debido a sus efectos negativos en la salud respiratoria y cardiaca. Esta tendencia se ha vuelto común en parques, colmadones y discotecas, donde el uso de estos dispositivos se ha normalizado en reuniones sociales.
Según Plutarco Arias, presidente de la Sociedad Dominicana de Neumología y Cirugía de Tórax (SDNCT), un estudio local de 2024 reveló esta cifra alarmante, indicando la penetración de los vapes y hookah en la vida cotidiana de la juventud dominicana. Sin embargo, no se tiene información concreta sobre el estudio mencionado.
Un proyecto de ley presentado en el Congreso Nacional buscaba prohibir la venta y promoción de vapes y cigarrillos electrónicos a menores de 18 años, pero no ha tenido éxito. La iniciativa, impulsada por el diputado Charlie Mariotti Paz, proponía multas de hasta 40 salarios mínimos para los comercios que incumplieran la normativa y reforzaba la regulación del vapeo como un tema de salud pública.
El uso de cigarrillos electrónicos ha crecido rápidamente en la última década, especialmente entre adolescentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 40 millones de adolescentes de entre 13 y 15 años consumen productos de tabaco, incluidos 15 millones que utilizan cigarrillos electrónicos, superando frecuentemente la tasa de consumo entre adultos.
A pesar de la expansión del vapeo, en República Dominicana existe un vacío de información que dificulta comprender el alcance del fenómeno. La falta de estadísticas nacionales actualizadas y campañas de prevención limita la capacidad de respuesta ante un problema que especialistas consideran cada vez más relevante.
Un testimonio impactante es el de Clairet Cruz Jiménez, quien comenzó a vapear a los 12 años y sufrió complicaciones de salud que la llevaron al hospital. Su experiencia resalta los riesgos asociados al vapeo, que muchos jóvenes consideran menos dañino que fumar cigarrillos tradicionales.
La popularidad de la hookah y el vapeo se ha visto favorecida por la falta de regulación en puntos de venta. El uso compartido de estos dispositivos se ha normalizado, aumentando la exposición a toxinas y la posibilidad de adicción entre los jóvenes.
La entrada en vigor de la Ley 30-26 ha reactivado el debate sobre la tributación de los cigarrillos electrónicos en el país, estableciendo un impuesto del 55% sobre estos productos. Esta medida ha generado opiniones divididas sobre si responde a criterios de salud pública o a objetivos fiscales.
El crecimiento del mercado de vapeadores también se refleja en el entorno digital, donde servicios de entrega a domicilio ofrecen estos productos, facilitando su acceso a niños y adolescentes. Esto plantea nuevos desafíos para las autoridades en cuanto a la regulación de ventas y publicidad de productos que contienen nicotina.

