Un diagnóstico oficial del Índice de Vulnerabilidad ante Choques Climáticos (IVACC), elaborado por el Sistema Único de Beneficiarios (Siuben), revela que cerca de dos millones de niños dominicanos están expuestos a eventos climáticos extremos de manera recurrente. Entre el 60 % y el 70 % de los menores en el país se ven afectados por la crisis ambiental, y 600,000 niños y niñas viven en condiciones de riesgo climático extremo sin suficiente protección institucional y económica.
Según un reportaje de la periodista Thania Urías publicado en Infobae, especialistas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advierten que las consecuencias de esta crisis van más allá de la emergencia meteorológica inmediata. Las tormentas recurrentes causan daños en la infraestructura educativa, lo que se traduce en retrasos prolongados en los calendarios escolares y en la utilización de escuelas como refugios temporales para familias desplazadas.
Además, la situación sanitaria se agrava, ya que las inundaciones y precipitaciones intensas aumentan la vulnerabilidad a enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera y la leptospirosis, afectando especialmente a las familias de menores recursos. Este contexto resalta la necesidad de atención urgente a la salud pública en medio de la crisis climática.
La coordinadora del estudio enfatiza que estos fenómenos no solo causan daños físicos y materiales, sino que también generan desplazamientos forzados, estrés crónico y traumas en la población infantil. Este malestar se relaciona con la ecoansiedad, un término que describe el miedo persistente al futuro debido a la crisis climática.
El reportaje sugiere que el panorama podría empeorar hacia el año 2030. Ante esta realidad, organismos internacionales y actores sociales hacen un llamado urgente a redefinir las políticas públicas y a realizar inversiones prioritarias en infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana enfocados en la niñez y redes de protección social que mitiguen los efectos de estos fenómenos.

