La Carretera Sánchez se ha convertido en un escenario caótico cada Semana Santa. Miles de dominicanos intentan disfrutar de un merecido descanso, pero regresan enfrentando un desorden que parece no tener fin.
Este año, el tramo de Azua fue testigo de vehículos circulando en contravía, bloqueando los carriles correctos y generando un tapón que se extendió hasta pasada la medianoche.
Este problema no es nuevo y refleja una falta de acción por parte de las autoridades de tránsito.
La Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) tienen la responsabilidad de hacer cumplir la Ley 63-17, que prohíbe circular en contravía.
Sin embargo, la aplicación de esta normativa brilla por su ausencia.
Los conductores que eligen circular en contravía lo hacen porque saben que no enfrentarán consecuencias.
Esta decisión, lejos de ser un error individual, se convierte en una opción racional ante la inacción del Estado.
Mientras unos respetan las reglas, otros aprovechan la situación, lo que agrava el caos en las vías.
Propuestas para mejorar la situación
El autor de esta columna, con experiencia en el área de tránsito, sugiere que la solución no es complicada ni costosa.
En el pasado, se implementaron medidas efectivas en peajes que lograron reducir drásticamente los tapones.
Ampliar el carril de cobro electrónico y establecer acuerdos con Digesett para fiscalizar a quienes obstruyen el paso fueron pasos clave.
Se propone que el Estado destine recursos a una campaña de comunicación que informe a los conductores sobre las consecuencias de circular en contravía.
La idea es clara: cualquier vehículo sorprendido en esta infracción será retenido y multado. Además, el conductor podría ser puesto a disposición de la justicia.
Este enfoque no busca ser autoritario, sino proporcional. La conducta irresponsable de un conductor en contravía afecta a muchos otros.
Por ello, es fundamental que el Estado responda con medidas que realmente impacten y disuadan esta práctica.
La comunicación anticipada puede cambiar la percepción del riesgo y fomentar un cambio de comportamiento entre los conductores.
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