Canadá está tomando medidas decisivas para disminuir su dependencia militar y comercial de Estados Unidos, al tiempo que fortalece alianzas estratégicas con Europa en sectores como defensa, energía e industria militar. Este cambio de rumbo se ha intensificado tras las tensiones generadas durante la administración de Donald Trump, lo que llevó a Ottawa a replantear su posición internacional.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, dejó en claro la nueva dirección del país al afirmar que “los días en que nuestras fuerzas armadas gastaban 70 centavos de cada dólar en Estados Unidos se han acabado”. Carney, quien asumió el poder a inicios de 2025, ha promovido la idea de resistencia frente a presiones externas, especialmente tras las polémicas declaraciones de Trump sobre convertir a Canadá en el estado número 51 de EE.UU.
Nuevas alianzas y acuerdos
La nueva política exterior de Canadá comenzó a materializarse esta semana con decisiones significativas. Ottawa anunció el primer acuerdo de suministro de gas natural licuado (GNL) canadiense a Europa, específicamente hacia Alemania, lo que marca un cambio histórico en el comercio energético del país. Además, el Gobierno canadiense confirmó negociaciones con la empresa sueca Saab para adquirir aviones de alerta temprana GlobalEye, excluyendo a fabricantes estadounidenses del proceso.
Canadá también está evaluando ofertas de un consorcio germano-noruego y de una empresa surcoreana para renovar su futura flota de submarinos, mientras revisa el plan de compra de los cazas furtivos F-35 de fabricación estadounidense. Esta revisión abre la posibilidad de adquirir aviones Gripen de Saab, lo que reforzaría aún más la cooperación militar con Europa y reduciría la dependencia tecnológica de Washington.
Carney ha defendido esta transformación estratégica, afirmando que Canadá “nunca debe volver a depender de otros” para garantizar su seguridad y defensa nacional. Según el mandatario, el país necesita fortalecer su soberanía mediante el desarrollo de capacidades industriales y militares propias para enfrentar posibles presiones externas.
En un discurso en enero durante el Foro de Davos, Carney explicó que su Gobierno ha duplicado el gasto militar y trabaja para diversificar el comercio exterior y las relaciones estratégicas del país. “El proceso de décadas de integración económica cada vez más estrecha entre Canadá y Estados Unidos ha terminado”, advirtió el primer ministro, quien señaló que muchas de las ventajas de esa relación ahora representan vulnerabilidades para Ottawa.
Las cifras evidencian la magnitud de la dependencia canadiense: Estados Unidos recibe alrededor del 75 % de las exportaciones de Canadá y suministra cerca de la mitad de sus importaciones. En el ámbito militar, gran parte del equipamiento estratégico canadiense proviene de fabricantes estadounidenses, incluyendo cazas CF-18 y sistemas integrados al Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD).
A pesar de este giro estratégico, Ottawa no busca romper relaciones con Washington, considerado un socio indispensable en comercio, energía y defensa continental. Sin embargo, el Gobierno canadiense está decidido a redefinir esa relación para ganar mayor autonomía económica, industrial y militar frente a los cambios geopolíticos globales.
La estrategia de diversificación que impulsa Canadá representa uno de los movimientos más significativos en su política exterior en las últimas décadas y podría transformar el equilibrio de poder comercial y militar en América del Norte.
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