La calle El Conde, emblemática arteria comercial de la Ciudad Colonial en Santo Domingo, enfrenta una crisis profunda debido a las obras de remodelación que han afectado gravemente la economía local. Comerciantes expresan su angustia por el cierre de negocios y la falta de planificación en los trabajos, que han ahuyentado a los clientes.
La intervención del Gobierno, que prometía revitalizar el casco histórico, ha resultado en una recesión comercial silenciosa. Los desvíos viales y el polvo constante han convertido lo que antes era un vibrante paseo en un lugar desolado, donde los letreros de «Se alquila» y «Se vende» predominan en las vitrinas vacías.
El panorama se agrava con la clausura de numerosos negocios, que ahora están protegidos por pesadas verjas de metal. La falta de actividad comercial no solo afecta a los comerciantes, sino que también representa un duro golpe al patrimonio histórico de la zona, donde edificaciones de estilos diversos se deterioran visiblemente.
Don Manuel, un comerciante de calzados, lamenta haber tenido que cerrar su negocio tras quince años de esfuerzo. «La gente simplemente dejó de venir por aquí debido a los trabajos», expresa con impotencia, señalando que el acceso a El Conde se ha vuelto un calvario.
Los pocos negocios que aún permanecen abiertos enfrentan una disminución drástica en sus ventas. Los residentes y transeúntes comparten una indignación generalizada por la falta de lógica en la planificación de las obras, cuestionando por qué se dejó esta vía crucial para el final.
Los comerciantes critican que el Gobierno priorizó la remodelación de calles periféricas en lugar de atender El Conde, lo que ha asfixiado el centro neurálgico del turismo y comercio local. La incertidumbre sobre el inicio de la remodelación de esta calle aumenta la desesperación entre los dueños de locales, quienes exigen un cronograma claro para poder planificar sus finanzas.
A medida que cae la tarde, la situación se torna más sombría, con más letreros de venta y alquiler que reflejan la crisis. La revitalización urbana prometida se ha convertido en una dura prueba de supervivencia para muchos comerciantes que luchan por mantenerse a flote.
La falta de servicios básicos, como el agua, también agrava la situación. Los comerciantes informan que el suministro es escaso y que algunos negocios deben recurrir a camiones para abastecerse, lo que complica aún más la operación diaria.
En este contexto, la Ciudad Colonial tiene el potencial de convertirse en un destino turístico moderno, pero el presente de la calle El Conde es un grito de auxilio que requiere atención inmediata. La incertidumbre y la crisis comercial continúan afectando a los pocos negocios que aún resisten en la zona.

